lunes, 8 de abril de 2019

Ensayos y artículos de reflexión 2

LA ESCUELA COMO DISPOSITIVO EN EL PROCESO DE INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA EDUCACIÒN DE ANORMALES [1]

Gloria Janneth Orjuela Sánchezd

Este ensayo parte de la idea que la escuela se constituye, hacia mediados del siglo XX –para el caso colombiano-, en un dispositivo de homogenizaciónde una población particular como fue la infancia anormal; esto es que la escuela hacia 1917 (aproximadamente) se constituye en el medio por excelencia para que el poder en tanto ejercicio cumpla una función específica: la normalización[2]en tanto máquina[3]que posibilitará una de las formas de institucionalización[4]de la educación de anormales, hoy conocida como Educación Especial; acciones que traerán efectos particulares sobre los saberes, sobre el funcionamiento del poder y sobre los sujetos. La escuela como dispositivo y maquinaria emerge bajo unas condiciones de posibilidad, éstas serán explicitadas a continuación a partir de los elementos constitutivos y caracterizadores de la noción de dispositivo. Es decir, es un acontecimiento que será abordado desde la historia. 

Historia como herramienta, no como elemento para recordar o representar el pasado; se hace historia para mostrar cómo se han apropiado ciertos discursos y prácticas, declarados como verdaderos y para mostrar cómo estos han producido un dispositivo, encarnado en la forma escuela; que se constituirá en una de las formas de institucionalización y cambio de estatuto de la Educación Especial en el país. De aquí que el tipo de historia que se plantea no se trabaja desde las grandes continuidades sino que intenta a través de las rupturas, las instancias, los acontecimientos y las discontinuidades, describir la manera como se hace el tránsito de una pedagogía de anormales a la institucionalización de la Educación Especial, gracias a las líneas de fuerza que atraviesan la maquinaria escolar; relaciones que tendrán que ver con laconstrucción y materialización de unos saberes y unas prácticas entorno al maestro que debe formarse, al alumno especial, a las instituciones que debe albergarlo y a las otras disciplinas que van a abordarlo en sus procesos de aprendizaje.

En ese sentido, la historia, tiene un sitiodinámico, es una herramienta metodológica y teórica de comprensión de algunos fenómenos y documentos que han sido utilizados para justificar formas oficiales y perspectivas teóricas que han remitido al pasado como formas naturales del funcionamiento de la realidad de la Educación Especial en Colombia; en este caso: la Pedagogía Activa en relación con la biología, la medicina y la psicología. Permitiendo de igual manera establecer nuevas relaciones entre categorías teóricas y subjetividades producidas por discursos y prácticas que han hecho que la Educación Especial se institucionalice (para el periodo en mención) como el escenario de enseñanza de los anormales y dibuje las diversas acciones a desarrollar dentro de la escuela.

Desde esta perspectiva, se mira la composición o constitución y funcionamiento de las fuerzas que hacen posible que determinados objetos o conceptos adquieran valor para una formación histórica particular, en este caso la escuela como dispositivo de normalización y parte de la institucionalización de la Educación Especial, a partir del nuevo estatuto que le es planteado por discursos de disciplinas como la biología, la medicina y la psicología, en el marco de la Pedagogía Activa.

En ese sentido, al concebir la escuela como un dispositivo de normalización de la población anormal, la Educación Especial no es analizada como algo propio de la escuela y la pedagogía, sino que se constituye, desde prácticas sociales, como una formacióndiscursiva[5]–por demás novedosa- que permite la intervención de ciertas disciplinas y saberes, propios de la modernidad (biología, medicina, psicología), y genera a su vez reconfiguraciones en las prácticas al interior de la institución y por parte de los maestros.

Habiendo hecho estas claridades metodológicas y de clave de lectura, pasemos ahora a hablar de las condiciones que posibilitaron que la Escuela sea un dispositivo, una maquinaria de homogenización y normalización de la población anormal en Colombia; dicho proceso está atravesado por tensiones y fuerzas como son la infancia anormal, la pedagogía activa, los maestros, unas formas de gobierno y de educar distintas a las que existían. Cada una de estas fuerzas contribuirá a configurarse mutuamente, algunas veces se acercarán, otras tomarán distancia; trazarán el mapa de una institución disciplinar que buscará el buen encauzamiento de un grupo de población particular: los anormales. En ese sentido, la noción de dispositivo se puede delimitar y caracterizar a partir de varios componentes, de los cuales se detallarán y ejemplificarán tres a continuación, para el caso específico que nos ocupa:

1.    Dispositivo es la red de relaciones que se pueden establecer entre elementos heterogéneos: 

Este primer componente hace referencia a los discursos, instituciones, reglamentos, leyes, medidas administrativas, enunciados científicos, posiciones filosóficas, morales o filantrópicas; en síntesis, lo dicho y no dicho. En ese sentido, retomando lo planteado por Narodowski, entre los siglos XVII y XIX la educación no estaba a cargo del estado, sino de las corporaciones en su mayoría religiosas. La capacidad estatal era limitada y el acceso a la escolarización no era amplio. Hacia la segunda mitad del siglo XIX comienza a darse un tránsito de la educación escolar basada en la lógica corporativa a una nueva configuración donde la educación escolar pasa a ser razón de estado. Foucault denomina a este proceso estatatalización o para el caso que nos convoca diríamos: institucionalización. Se caracteriza porque se dio un replanteamiento de la función del estado, donde el juego de reorganizar la sociedad, propone y pone a funcionar una serie de instituciones que se encargaran de cierta parte del gobierno de la población.

Para el caso colombiano, la educación pública del país se rigió –a finales del XIX y buena parte del XX- por los principios del “Decreto Orgánico de Instrucción Pública -1870”, (Creado durante el gobierno del General Eustorgio Salgar), que no fue sustancialmente modificado hasta la década de los 70 del siglo XX, a excepción de algunas reformas que se esforzaron por introducir cambios en el sector educativo, sobre todo durante la Reforma Liberal de los 30.

El Decreto citado se concentraba, en particular, en el desenvolvimiento de la educación primaria pública y tuvo como punto de referencia, los desarrollos alcanzados en el Estado de Santander, donde el Director de Instrucción Pública, Dámaso Zapata realizó acciones como: “...un censo de escuelas, de alumnos y de niños en edad escolar... logró mayores recursos presupuestales... mejoramiento de la infraestructura... fundación de escuelas rurales... aumentar la asistencia a clases... instauró un sistema de inspección escolar... que los docentes conocieran la pedagogía de Pestalozzi y Froebel.”[6]

Es así como esta reforma educativa alcanzó dimensiones nacionales ya que en el Decreto Orgánico se “...definió la educación como una de las funciones del Estado y como una obligación de los padres... estableció una estructura educativa centralizada y unificada... dependiente del Ministerio del Interior... dejaba en el programa escolar algunas horas de instrucción religiosa... establecía la neutralidad del Estado en materia religiosa...”[7]

Entre las acciones puntuales que lograron llevarse a nivel nacional, a partir de esta reforma, se cuentan: censos escolares, actualización de estadísticas, nombramiento de Dámaso Zapata como Director de Instrucción Pública en Cundinamarca, organización de restaurantes escolares, fundación de bibliotecas populares y de escuelas de artes y oficios. “Pero el mayor esfuerzo estuvo en la ampliación del concepto de educación para que indujera la formación integral, física, intelectual y moral del niño y en la modernización de los métodos de enseñanza, que debían excluir la memorización mecánica y el abuso de los castigos.”[8]

Otro de los aspectos que la reforma contempla de manera insistente es la formación del cuerpo docente, elemento qué sin lugar a duda, garantizaría el éxito de las transformaciones; con este fin el presidente trajo al país la Misión Pedagógica Alemana, pues era la que más se relacionaba con el auge, qué por ese entonces, tenían las ideas de pedagogos como: Pestalozzi, Fröebel, Decroly, Montessori y Herbart; todos teóricos de la Pedagogía Activa. El Sistema Educativo en reciente expansión tuvo algunas reorientaciones con la Constitución del 86 y el Concordato de la Santa Sede en el 87. En el marco de esta normatividad se dieron otros medios de difusión de las ideas pedagógicas y educativas más importantes del momento, uno de ellos fue la Revista: La Acción Escolar, órgano de la Asociación de maestros y profesores, qué en su publicación de marzo de 1931 en la sección educativa, presentaba algunos aportes de la psicología experimental para llevar a cabo una labor educativa y escolar adecuada con poblaciones anormales, en los siguientes términos: 

“… el niño, el adulto incontrolado, todos los psicasténicos, ni tienen ni pueden tener plena conciencia de sus síntesis mentales desde el momento mismo en que, al menos en la apariencia, y en cuanto a los efectos, su síntesis total se halla rota por un fenómeno de duplicación, proveniente del desequilibrio entre el cerebro consciente y el cerebro inconsciente.
La síntesis perfecta es la de un cerebro normal; la imperfecta de los anormales.
Corresponden al primero determinadas vibraciones de índole idéntica, sea que se refieran al estado de calma o de normal agitación, regulares, rítmicas…
En los cerebros anormales son desordenadas, intermitentes, sujetas a eclipses imprevistos, en la misma medida en que el control aparece o desaparece, se acentúa o se debilita.
Esta teoría importantísima sobre toda ponderación para los maestros, lo es en grado sumo para los que se hallan al frente de las escuelas de anormales o por cualquiera otra causa tienen que intervenir en la reeducación del control de personas afectadas de psicastenia.
Clasificado el cerebro es necesario fijar los diferentes estados porque pasa en su afanoso obrar: entorpecimiento o sopor, sobreexcitación, angustia o tensión, para proceder en seguida a la modificación o cambio de las vibraciones anormales en normales. Con esto se conseguirá el mejoramiento funcional del cerebro, y por lo tanto la desaparición del estado patológico a que estaba sujeto.” (Lleras, Acosta Carlos Alberto; Págs. 271-272)

Así mismo, en el número 10 de la misma revista de abril de 1931, igualmente en la Sección Educativa se exponen algunos apuntes sobre la pedagogía de Decroly:

“…Para el Dr. Decroly, la educación se reduce a darle al niño, por medio de ejercicios de OBSERVACIÒN y de ASOCIACIÒN, que incluyen los de EXPRESIÒN, el conocimiento de sí propio y del medio en que se vive,y toda ella ha de girar alrededor de dos ideas asociadas:1º EL NIÑO Y SUS NECESIDADES, 2º EL NIÑO Y EL MEDIO
Como corolarios de cada una de estas dos ideas genéricas, nacen los Centros de Interés que el maestro hábil va ideando y clasificando lógicamente, dividiéndolos y subdividiéndolos inteligente e indefinidamente, según la calidad de los alumnos con quienes trabaje, y según el medio ambiente en que se halle…
La primera de las dos Ideas Asociadas de Decroly… el niño y sus necesidades, nos la reduce a cuatro Centros de Interés, así:
a)     Necesidad de alimentarse…b) Necesidad de luchar contra la intemperie, c) Necesidad de defenderse contra los peligros y los diversos enemigos, d) Necesidad de actuar, de trabajar solidariamente, de educarse, de recrearse…
En cuanto a… EL NIÑO Y EL MEDIO, hay que tener en cuenta la diversidad de dicho medio…Los Centros de Interés… podrán ser… a) El niño y la familia b) El niño y la escuela, c) El niño y la sociedad, d) El niño y los animales, e) El niño y las plantas, e) El niño y la tierra, el sol, la luna, las estrellas, etc.…
Las nociones adquiridas en cada Centro de Interés, irán traduciéndose, como aplicación, en Trabajos Manuales ejecutados en el Taller y Laboratorio de la Escuela, que irán coleccionándose en el salón de clase, o en el museo escolar, y que pregonarán constantemente el trabajo continuo de maestro y alumnos…
Decroly preconiza… la población limitada,veinte a cuarenta alumnos entre los más adelantados, y nosotros conocemos elementales de primer año con más de cien discípulos cada una…” (Ídem. Págs. 291-294)

Vale la pena resaltar una cita más de la mencionada publicación con fecha de octubre de 1930 en la misma sección y que aborda ahora el tema de la importancia del control cerebral y los estados cerebrales así:
         
“… el control cerebral, facultad inseparable de todo espíritu bien ponderado y hecho… a las disciplinas mentales…
            Un cerebro incontrolado es un pozo revuelto…
            Su insuficiencia o falta absoluta tienen necesaria y violenta repercusión en la psicología de la atención…
Esta falta de control explica… por qué muchos maestros, al parecer inteligentes… no llegaron en la Escuela Normal a posesionarse bien a fondo de lo que estudiaban… esa la clave de la dispersión de energías, vaguedad de explicaciones, desorden y falta de método que se observan en la escuela del maestro o maestra incontrolados; desorden escolar que es el reflejo del desorden de su vida y del desorden de su inteligencia.
… no pretendemos decir con esto que la escuela deba tener la disciplina de un regimiento; que hayan de recortarse y ahogarse las actividades e iniciativas del niño; sabemos que hay desórdenes aparentes, que son el más bello de todos los órdenes…
Nada decimos ahora de las mil manifestaciones patológicas que a la falta de control deben su origen, o que, a causa de ella, se agravan, como sucede en las distintas fases de la psicastenia…” (Ídem: Págs. 163-164)

Como se puede apreciar a través de las citas son discursos, enunciados, saberes, elementos heterogéneos, los que empezarán a hablar, a decir, a sugerir y a determinar qué hacer con la población anormal en las escuelas y aulas de clase, así mismo hablaran de las condiciones que deben cumplir los maestros que los tengan a cargo. Planteamientos venidos de lugares tan disímiles como las leyes, la medicina, la biología o la Pedagogía Activa.

2.    El dispositivo establece la naturaleza de los nexos entre estos elementos.

Es evidente que discursos médicos o venidos de la psicología experimental, dado su lugar de enunciación, irrumpirán con fuerza en las prácticas escolares de los maestros, a quienes se les empezará a formar como buenos observadores, como investigadores de aula, como sujetos que tomarán nota, sacarán porcentajes, aplicarán exámenes y evaluaciones, para luego hacer clasificaciones y divisiones de los alumnos.

Igualmente se ve como el discurso que traen expertos extranjeros acerca de la Pedagogía Activa tiene su sitio de sustento y validez en conceptos de la psicología del niño, que preconizan acerca de lo que puede y no realizar un niño de acuerdo a su edad y a diferencia del adulto; así como también en los postulados de la psicología experimental, la cual se concentra, por buen tiempo, en la ampliación de temas referidos a las funciones superiores del cerebro (atención, memoria, etc.) que posteriormente serán catalogadas, desde la escuela como los requerimientos básicos para el aprendizaje. Estas ideas demarcaran de manera clara la división o el ir y venir entre lo anormal y lo normal.

3.    Se trata de una formación que en un momento determinado ha tenido por función responder a una urgencia.

Es claro desde los discursos normativos, médicos y pedagógicos que la función del dispositivo y maquinaria escolar era una función estratégica, de control, gobierno y homogenización de la población. Evidenciada en prácticas que procuraban la reeducación o la extinción de la patología o anormalidad, para restituir al individuo a la sociedad y que él a su vez le fuera productivo a aquella.

Es en este contexto en el que la escuela se empezó a ver, en Colombia, como el vehículo por excelencia a través del cual se lograrían los objetivos de unidad nacional, control y homogenización propuestos. El grupo de intelectuales colombianos abogan por una innovación educativa que se alejara de los modelos de enseñanza tradicional: memorística, rutinaria, con recursos precarios, en locales oscuros y con poca ventilación, entre otros. Dicho movimiento innovador en el sector educativo fue introducido por el modelo internacional llamado Escuela nueva, escuela activa, pedagogía activa o escuela para el trabajo.

La Pedagogía Activa, en un primer momento -finales del siglo XIX y primeras dos décadas del siglo XX-  trae a Colombia modelos pedagógicos bajo la influencia de las ideas de autores como: Montessori, Claparède, Dewey y Decroly y en segunda instancia, aproximadamente entre 1940 y 1950, sus argumentos se sustentan fuertemente en los aportes de la psicología genética con autores como: Piaget, Freinet y Wallon; en general, puede decirse que, aproximadamente, a partir de 1918 se evidencia más claramente la apropiación y puesta en marcha de las ideas y prácticas de la Pedagogía Activaen Colombia.

Es con la escuela como dispositivo y con las líneas de tensión resultantes de la infancia anormal, de la Ley Orgánica de Instrucción Pública, del maestro, de los saberes modernos que entran a la escuela y de los postulados de la Pedagogía Activa, que la Educación Especial se instala como práctica en la escuela a partir de la primera mitad del siglo XX. Efecto directo de las reformas educativas de la época y de la implementación del Sistema de Educación en el país; además una forma de hacer evidente la práctica de estrategias planteadas desde discursos tan variados como: la biología, la medicina, la psicología y la misma Pedagogía Activa.

Es de este modo que la Educación Especial, como formación discursivaaparece con la biología, la medicina y la psicología desde comienzos del siglo XX y plantea una particular manera de pensar la educabilidad de los sujetos anormales. Esta medicalización y psicologización de una parte de la educación, produce tecnologías y formas de hacer acerca de cómo el profesor debía ejercer las prácticas de aula; es decir la Educación Especial es considerada aquí como una emergencia no pura ni individual, ni neutra, -interdisciplinar dirán ahora- sino que ella incorporó una serie de formas, improntas, valores que van a determinar la recomposición de prácticas y saberes de la educación y la pedagogía en Colombia.

En conclusión, la Educación Especial se instala como práctica en la escuela a partir de la primera mitad del siglo XX; se constituye en una de las formas de gobierno sobre un grupo de población; se evidencia como uno de los resultados de la implementación del Sistema de Educación en el país y se muestra como una forma de poner en funcionamiento estrategias planteadas desde saberes discursivos variados. Todos estos elementos, por demás heterogéneos, citados a lo largo de este ensayo, ayudan a fortalecer la idea de escuela como dispositivo de normalización, control, disciplinamiento y homogenización de la población de anormales; además de elemento propiciador de la institucionalización de la Educación Especial en el país.

REFERENCIAS
Foucault, Michel. (1990). Vigilar y castigar. Siglo XXI editores.
Deleuze, Gilles. (1987). Foucault. Paidòs.
Revista: La Acción Escolar. Órgano de la Asociación de Maestros y Profesores. Década del 30
Balbier, E y otros. Michel Foucault, filósofo. Gedisa editorial.
Narodowski, Mariano. (1999). Después de clase. Ediciones Novedades Educativas.
Escolano, Benito Agustín. (2000). Tiempos y espacios para la escuela. Biblioteca Nueva.
Varela, Julia y Álvarez, Uria Fernando. Arqueología de la escuela. Las ediciones de la piqueta.
Foucault, Michel. (2001). Los Anormales. Fondo de Cultura Económica.




[1]Ensayo presentado como requisito final para el Seminario: Arqueología y Genealogía de la Escuela, de la Maestría en Educación, con énfasis en historia de la educación y la pedagogía de la UPN. II Semestre de 2009.
d Estudiante III Semestre Maestría en Educación con énfasis en Historia de la Educación y la Pedagogía, de la Universidad Pedagógica Nacional. Hoy Magister en Educación.
[2]El poder de Normalizaciónpara Foucault en el texto de “Los Anormales”, se constituirá en Europa, hacia mediados del siglo XVIII en el cruce entre el discurso de la psiquiatría médica y la práctica judicial –no discursiva-, conformando lo que el autor denominará las pericias médico-judiciales. Estas buscaban básicamente homogenizar e institucionalizar para ejercer técnicas de expiación y terapéuticas sobre sujetos perversos, peligrosos. Esta pericia médico-judicial será el mecanismo de unión entre el discurso médico y el judicial con efectos precisos en la creación o necesidad de un experto, es decir uno de los efectos es la creación de una práctica que se dirigirá a la categoría de los anormaleso al campo de gradación de lo normal a lo anormal; constituyéndose de esa manera en el poder de normalización.La noción central (y a la vez función central) que este poder manejará, por lo menos desde sus prácticas institucionalizadas –como en la escuela-, será la de homogenización, mecanismo que funcionará a partir del disciplinamiento, la docilidad, la observación, la regularización, la distribución y la inclusión de individualidades diferenciales. Será este un modelo de control inclusivo, potenciador y productor. Un poder siempre ligado a un saber: el arte de gobernar, el ejercicio de un gobierno que desde la edad clásica (según Foucault) introdujo un aparato: El Estado, y al lado de él, diferentes instituciones; a los que se les transferirá parte de la técnica general del ejercicio del poder, del gobierno de los hombres, una de ellas será la escuela, que se constituirá en uno de los dispositivos de este ejercicio como una organización disciplinaria que tendrá como efecto directo, justamente la normalización.
[3]“… Lo cierto es que los dispositivos son como las máquinas de Raymond Roussel, según las analiza Foucault; son máquinas para hacer ver y para hacer hablar…” (Tomado de: Michael Foucault, filósofo. Pág. 155)
[4]Cuando nos preguntamos por lo que sabemos, estamos en el campo de lo que Foucault llamó saber“… Y la respuesta… en la versión de Deleuze, va a hacer desfilar ante nosotros la doble serie de las cosas y las palabras, del ver y el decir, formas de visibilidad y formas de legibilidad…” (Tomado de: Foucault, Pág. 18) Ahora bien, cuando la pregunta es por lo que podemos, entramos al campo del poder “… aquí la respuesta nos invitará a atender a las relaciones de fuerza, a la capacidad de ser afectado o de afectar, entendidas… como materia de la fuerza… (una población…) y función no formalizada de la fuerza (la anatomo-política…) siempre en enigmática relación con un Afuera…” (Ídem. Pàg.18) Pero ¿qué pasa entre estas dos series? ¿Saber y poder? “…la institución constituirá el inevitable factor de integración, donde las relaciones de fuerza se articulan en formas: formas de visibilidad, como aparatos institucionales, y formas de enunciabilidad, como sus reglas… la institución será el lugar inminente donde el ejercicio del poder es condición de posibilidad de un saber, y donde el ejercicio del saber se convierte en instrumento del poder… es el lugar de encuentro entre estratos y estrategias, donde archivo de saber y diagrama de poder se mezclan e interpretan, sin confundirse.” (Ídem Pág. 18) Esto es: la institucionalización de la Educación Especial en la escuela, la escuela como dispositivo.
[5]Foucault, Michel. La Arqueología del saber.
[6]HELG, Aline. La educación en Colombia: 1918-1957. Pág. 24.
[7]Idem
[8]Ibidem. Pág. 25.

Leer y escribir 2

Guillermo Bustamante[1]

¿Qué es leer? No sé. Pero sí sé que es el asunto mismo del estudiante; bueno, a veces, además escriben. Cuando, en clase, sugiero leer en voz alta, adviene el ritual: hay que acabar. Pero, ¿sirve de algo acabar, mientras uno se quedó atrás, mientras la voz va corriendo adelante? El ritual, además, viene con definiciones; por ejemplo, que una frase tiene sentido completo y que va de punto a punto. Entonces, si vamos a leer, pensamos que al menos hay que comenzar en la mayúscula y terminar en el punto. Al menos. Pero todos hemos experimentado problemas a mitad de la frase. Todos hemos tenido que volver a leer una oración, un capítulo, un libro entero. ¿Cuál sentido completo? Al volver a leer, todos hemos encontrado cosas que no habíamos visto. ¿Cómo así, si yo ya lo había leído? Y, bueno, ¿esto no amerita una idea de lectura que vaya más allá de las obviedades formales? Eso no quiere decir que las formalidades sobren o que haya que eliminarlas, como están prestos a pensar los jóvenes espíritus. Significa más bien ir más allá de las formalidades, pero a condición de servirse de ellas.

Leer es como todo en la vida: complejo para el que piensa; sencillo para el que está cómodo sin pensar. Con todo, la complejidad de la lectura no nos impide leer, así no la hayamos comprendido, así no entandamos partes del texto. Creo que entendemos cabalmente qué es la lectura cuando ya no hay caso: unos segundos antes de morir. ¿No hay allí un secreto? Mientras más leemos, más nos acercamos a entender qué es eso, pero también nos acercamos al fin. Cuando conquistamos la idea, ya no nos sirve... pero —dada esa condición— no tiene sentido abandonar la tarea. Es una tarea en cuyo cumplimiento se nos va la vida. ¿Y si la tarea no era entender, sino hacer el esfuerzo? En el camino, vaya si obtenemos regocijos (a no ser que uno lea sólo en tanto corrector de pruebas del directorio telefónico). Pero no es el estado permanente, ni la condición constante de lo leído, ni la disposición en que leemos. Lo que hoy nos parece aburrido, mañana puede deleitarnos. No es responsabilidad del texto, que ha permanecido. Es nuestra transformación la que encuentra diversos textos. Si Heráclito decía que nadie baja dos veces al mismo río, también habría podido decir (de seguro, alguien ya lo ha hecho) que nadie lee dos veces el mismo texto. Roland Barthes decía que leer era como atravesar un río: cada vez lo hacemos saltando por piedras distintas.

Así las cosas, leer está incorporado a nuestra propia transformación. Fíjense que esa manera de entender la lectura ya no tiene que ver con el número de caracteres devorados por segundo, ni con la reducción paulatina del número de errores cometidos al pasar letras a sonidos. Saber leer no es una habilidad, más bien es habilitante. No es que haya un sujeto frente a un texto. Hay alguien forjándose, frente a algo que participa de esa forja. Claro que quienes se están forjando tienen diferentes grados de resistencia al efecto forjador que se les devuelve. Uno puede leer en tal ensimismamiento que lo sorprende el alba sin haber pegado el ojo; pero también puede quedarse dormido a la segunda página. Incluso hay quienes tienen un libro en la mesa de noche, no para leer, sino ¡para dormir! Es que los sujetos escogen de qué —y de quienes— dejarse forjar. Y la elección tiene que ver con modalidades de satisfacción. De entrada, es claro: el libro no es comestible (aunque alguien pueda comérselo, ¿no preferirá algo hecho para eso?), no es un arma (aunque se puede usar de esa manera, ¿no es más funcional un utensilio hecho para eso?), no es un amigo (se puede, pero...). Es decir, su asunto está más allá de esa materialidad; tiene que ver con lo que podemos construir en nuestra cabeza a partir de sus registros. Por eso uno no renuncia, así sea de vez en cuando, a quedarse dormido leyendo: ¿cómo así que me toca trabajar duro y, sin embargo, la satisfacción ligada a tal trabajo siempre se corre hacia adelante —como el horizonte—, cada vez que parece que me acerco? Leer va exigiendo tiempo y promete satisfacciones con objetos inteligibles. ¡Vaya si se necesita ser muy raro para preferir leer, en lugar de partirle la espinilla al enemigo!



[1]Profesor Universidad Pedagógica Nacional. Maestría en Educación.Magíster en «Lingüística y español» Universidad del Valle – Cali. Doctor en Educación Universidad Pedagógica Nacional - Bogotá (2006-2011). Ganador del premio «Jorge Isaacs», en la modalidad de cuento. Gobernación del Valle, 2002. Ganador del Tercer Concurso Nacional de cuento, Universidad Industrial de Santander, 2007. Mención de Honor en el Tercer Concurso literario «El Brasil de los sueños». Bogotá, Instituto de Cultura Brasil-Colombia – IBRACO, 2008.



Memorias de eventos académicos 2

Eventos
A nivel internacional

Participación en el “Congreso Internacional III Jornadas de estudio sobre Prensa Pedagógica”, realizado en Salamanca España. La profesora Ximena Herrera presentó la ponencia “La revista escolar: De maestros para maestros. En pos de una educación nueva en Colombia (1923-1925 y 1930-1931)”. El evento fue organizado por la Universidad de Salamanca y el grupo Helmanticapaideia en el marco de la celebración de los 800 años de fundación de la Universidad, los días 18, 19 y 20 de octubre. 

Participación en el XII SEMINARIO INTERNACIONAL DE LA RED ESTRADO. “Derecho a la educación pública y trabajo docente: resistencias y alternativas”. La profesora María Cristina Martínez presentó su ponencia Movilizaciones pedagógicas. Apuestas para una praxis crítica emancipatoria desde el Sur. El evento se realizó del 3 al 5 de diciembre de 2018 en Lima, Perú. 

Participación en la 8ª Conferencia CLACSO Las luchas por la igualdad, la justicia social y la democracia en un mundo turbulento. Primer Foro mundial sobre pensamiento Crítico. La profesora María Cristina Martínez presentó su ponencia titulada Pensar actuando. Desafíos educativos para la formación de subjetividades de praxis emancipatoria. 

Participación en actividades académicas. La profesora Olga Cecilia Díaz, atendió la invitación cursada por el Rectorado Colegiado de la Universidad Iberoamericana de Paraguay, para participar en el "VII Foro anual de Investigadores" que organiza la Facultad de Postgrados. En este marco desarrolló un seminario con los estudiantes del doctorado  en Educación. Esta actividad se realizó en la ciudad de Asunción, Paraguay, en el periodo comprendido entre el 15 y el 17 de noviembre del 2018.


Participación de estudiantes en eventos
A nivel internacional

La estudiante de la Maestría en Educación Ingrid Angélica Arias participó en el XII Jornadas Nacionales; VIII Congreso Internacional de Enseñanza de la Biología; VI Seminario Iberoamericano CTS y X Seminario CTS, con su trabajo “Implicaciones del conflicto armado sobre la biodiversidad en Colombia: reflexiones para la enseñanza de la biología”, convocado por la Universidad ADBIA, AIA-CTS, Universidad Nacional de Quilmes, FBCB UNL, realizado en la Provincia de Buenos Aires-Argentina los días 1, 2 y 3 de agosto de 2018.

La estudiante Maestría en Estudios en Infancias Gabriela Alfonso Novoa participó en los talleres relacionados con las campañas de concientización sobre el tema de vulnerabilidad, aspecto en que la estudiante ha participado activamente. El evento tuvo lugar en la ciudad de Lima, Perú, del 21 al 24 de marzo del 2018.

Movilidad de profesores extranjeros invitados

Invitación de investigador internacional: Nora Strejilevich en el marco del proceso de Socialización del proyecto de investigación: Programa de investigación y formación Configuración de subjetividades y constitución de memorias sobre la violencia política en América Latina: Un estado del Arte, (código DPG-449-17). El evento se realizó entre el 4 y el 7 de diciembre del 2017. En este se socializaron parte de los resultados de los proyectos de investigación del grupo “Educación y Cultura Política”, y giró en torno a la reflexión sobre los estudios relacionados con las memorias de la violencia política, la historia del tiempo presente, los procesos de formación de los sujetos, así como la constitución de políticas de la memoria en Colombia y en América Latina.

Invitación de investigadores internacionales: Daniel Niclot y Thierry Philippot de la Universidad de Reims Champagne-Ardene. IUFM de France a la UPN en el marco del Seminario Intensivo “Perspectivas de investigación en educación” que se realizó entre el 1 y el 5 de octubre y entre el 10 y 15 de diciembre del 2018 con la participación de estudiantes y profesores del Departamento de Posgrado de la Universidad Pedagógica Nacional. Como profesora del curso desde la Maestría estuvo la profesora Claudia Ximena Herrera Beltrán”.

Avances de investigación 2

LA ENSEÑANZA DE LA TECNOLOGIA EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX: UN SABER ESCOLAR DIFUSO.
Francy Alejandra Castiblanco Chaparro*
Antonio Viñao, sugería el considerar a las materias escolares como organismos vivos que “nacen y se desarrollan, evolucionan, se trasforman, desaparecen (…) Poseen una denominación o nombre que las identifica frente a las demás, aunque en ocasiones, (…) denominaciones diferentes muestren contenidos bastante similares y, viceversa, denominaciones semejantes ofrezcan contenidos no siempre idénticos”[1]. La materia escolar a la que se le sigue el rastro en este ejercicio investigativo es a la tecnología, que en la actualidad se encuentra atravesada por dos elementos a saber: primero, con la producción de artefactos encaminados a satisfacer necesidades del entorno y todo lo que ello conlleva (saberes en relación a materias primas, herramientas, máquinas, materiales, procesos, invención, innovación, etc); y en segundo lugar, con la informática (saberes que hacen posible el acceso, la búsqueda, la selección, la organización y  en general, el manejo de información por medio de procesadores).
Cuando nos remontamos a la primera mitad del siglo XX, e inclusive transcurridas dos décadas de la segunda mitad del siglo, la tecnología como materia escolar, bajo esta denominación o nombre, no encuentra su lugar en el currículum escolar al lado de las matemáticas, las ciencias, los idiomas, la educación física, entre otros saberes y disciplinas escolares. Pero entonces, ¿Qué fue de la tecnología en aquellos años? ¿No se encontrarían acaso rastros de ella?, o por el contrario ¿aquellas huellas se encontrarían ocultas bajo otra denominación o nombre como lo sugiere Viñao?
Con el fin de ubicar a esta materia escolar en la primera mitad del siglo XX, se hace necesario esclarecer y puntualizar un asunto en relación a la tecnología. En la actualidad cuando se habla de tecnología impera una concepción dominante[2]que remite inmediatamente al artefacto; pero en su concepción original, la tecnología es una idea mucha más amplia, propia de los griegos, que abarca en esencia a la técnica. Es la tecnología entendida en este trabajo investigativo como el ejercicio intelectual que induce a la compilación y organización de un campo técnico como la agricultura, la carpintería o la herrería; éste campo técnico se encuentra atravesado por una serie de procedimientos que en función de unos principios universales permiten la aparición de una artefacto. Dicho de otro modo, la tecnología posibilita –vía el ejercicio intelectual– la organización de la técnica, y la técnica es en sí misma la manifestación visible de la tecnología. Por tanto lo que se enseña es la técnica, pues es lo que se hace manifiesto.  
Pero, caractericemos a la técnica. Cuando Marcel Mauss, antropólogo y sociólogo francés abordaba la técnica, la sujetaba directamente al cuerpo, un cuerpo envestido por ciertas características, que en la cotidianidad se relaciona, por un lado con otros cuerpos y por el otro lado con los objetos[3]. Esta segunda forma es la que se encuentra a fin a la orientación que pretende darse a este trabajo, en la que el cuerpo se relaciona con otros objetos y se ven involucradas materias primas, fuerzas y medios de acción. La interacción entre todos ellos desemboca en un producto material, un artefacto, entendido como “el objeto funcional, tangible, producto del artificio del hombre”. De otro modo, el artefacto es un efecto de la técnica y la técnica a su vez es un efecto de la tecnología. De manera concisa, la técnica contiene saber, habilidad, destreza, táctica, control y repetición; es decir dominio total sobre un oficio.
Por estas razones, buscar a la tecnología como materia escolar, es ir en busca de la emergencia de la técnica en el escenario escolar, lo que nos remite a una relato lacónico en relación con la enseñanza. 
La enseñanza fue uno de los asuntos que para finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX acaparó la atención de los gobernantes de la Santafé Colonial. Reinaba en aquel entonces un desorden social producto de la ignorancia de ociosos, limosneros capaces, mendigos, vagabundos, holgazanes y mujeres de livianas costumbres; que sucumbían a la Santafé en la pobreza y le cerraban las puertas al tan anhelado progreso. La proclamada enseñanza, preocupación generalizada, emergió como discurso para erradicar aquel mal, “enseñanza que no se circunscribía [únicamente] a las primeras letras, la aritmética  o la doctrina cristiana, sino que involucraba además la enseñanza de artes y oficios”[4], un saber esencialmente ligado a la práctica, acogido también como “instrumento político de ordenamiento social” en aquel entonces. Un siglo después, las materias de enseñanza aumentaron y se diversificaron. El Ministerio de Instrucción Pública resuelve, a través de la ley 39 de 1903, que la instrucción pública ha de ser dividida en primaria, secundaria clásica y técnica; industrial y profesional. Se dicta que la instrucción ha de ser dirigida en concordancia con la religión católica y que –máxime, la enseñanza primaria y secundaria– deben ser sustancialmente prácticas y preferiblemente técnicas. Nuevamente aparece aquello de “la práctica”, y yuxtapuesta a ella la técnica. “La secundaria técnica, casi siempre sostenida con dineros del erario público, se dirigía a grupos sociales de baja posición en la escala social, y estuvo vinculada también al impulso de escuelas de artes y oficios en donde se buscaba adiestrar a jóvenes pobres en el conocimiento y manejo de «máquinas aplicables a la pequeña industria»”[5]. Las congregaciones católicas atendían buena parte de esta denominada “enseñanza práctica”, que era el pilar de la secundaria técnica; establecimientos dirigidos por Salesianos y Lasallistas, tenían por objeto formar jóvenes obreros dedicados a las Artes Manuales; aquellos centros se convirtieron en lugares en donde se daba un privilegio especial a la técnica; impartían enseñanzas en relación a la herrería, carpintería, sastrería, talabartería, zapatería, tipografía, encuadernación, música y por supuesto, enseñanzas en relación a la lectura, escritura, aritmética, religión y moral.  Cabe resaltar que durante el período que va de 1880 a 1930 la educación técnica y su orientación por congregaciones católicas, se convirtió en un binomio inseparable[6].
Es importante subrayar de lo anterior, a fin de manejar un código común, que aquello que giraba en torno a lo que se denominó “educación técnica” y “enseñanza práctica”, era un asunto en relación a las artes y oficios que se presenciaban en la Colonia y más adelante en la República. Es decir, que el saber y la habilidad del artesano, producto de unas fuerzas sociales que iban en contra de aquel problema de pobreza que se anunciaba desde finales del siglo XVIII, se convirtieron en objetos de enseñanza. Por eso es importante insistir en que las prácticas del artesano, que de otro forma son técnicas esencialmente manuales, era aquello que se enseñaba en la escuela. 
Ahora bien, la enseñanza de la técnica que es lo que correspondería en una materia escolar denominada “tecnología”, vista bajo esta perspectiva tuvo dos formas de revelación: la primera como materia escolar que hacia parte del plan de estudio de la época o, en segundo lugar como centro de enseñanza especializado. 
Para el primer caso, se presume que la tecnología como materia escolar reciente, proviene de unas materias escolares que en el transcurso de la primera mitad del siglo XX se designaron bajo el calificativo de “Trabajos manuales”[7]o más adelante como “Artes industriales”[8]. Estas materias escolares daban un privilegio especial a la mano. Al respecto, en el programa de estudios para las Escuelas Normales se indica que “se pretende que los niños adquieran cierta habilidad con las manos”[9]. Del mismo modo, Agustín Nieto Caballero en la introducción del texto escolar del profesor Luis Enrique Reyes, se acerca a ella caracterizándola, justificándola y elogiándola: advierte que “sin la mano educada del hombre nuestra civilización sería empírica. En efecto, todo el progreso moderno –la locomotora, el aeroplano, la máquina industrial, el navío, lo mismo que la estatua, el cuadro, el libro– toda nuestra civilización (…) es en su último término la obra de la mano del hombre”[10]. Además atribuye a la mano, y en sí mismo al trabajo manual, la dotación de buenos hábitos, beneficios y destrezas corporales. Enuncia también este pedagogo, como “esta actividad [los trabajos manuales] busca el dominio muscular, el control nervioso, la educación del ojo y de la mano, la formación de hábitos de reflexión, de orden, de pulcritud, de buen gusto, de economía, en toda obra que se proyecta”[11]. En acuerdo con la idea anterior, el Ministerio de Educación divulga unas observaciones generales respecto de la actividad: “las labores manuales le imprimen rasgos de carácter [al niño] que responden de su personalidad a lo largo de la vida. Precisión y exactitud en el proceso de transformación de la materia, limpieza y pulcritud en la obra que se realiza, concentración de la atención, previsión en los cálculos, economía en los elementos de que se dispone para la obra proyectada, son otros hábitos que se forman en el niño gracias al trabajo manual bien dirigido”[12].  Nótese que esta denominación corresponde con la idea de técnica expuesta supra.
Deriva además de lo anterior, que la materia escolar “Trabajos manuales”, se encontraba asociada al cuerpo y a los buenos hábitos; la actividad concedía destreza corporal y disciplina a la personalidad del niño. Pero, ¿Cuál era en esencia el contenido que transitaba por esta materia? El profesor Luis Reyes en su manual escolar El trabajo manual en la escuela primaria de 1933,enseña desde los procesos de un determinado trabajo, cómo vencer las resistencias de la materia prima, para con ello obtener una creación. En el texto expone diversidad de actividades constructivas partiendo de los siguientes trabajos: Cartonería, encuadernación, trabajo en madera, repujado en cuero y en cobre o estaño laminados, y trabajos en mimbre; contenidos que no distan del programa para las Escuelas Normales[13]de 1939, en donde se incluían trabajos tales como: tejidos, pirograbado y repujado, encuadernación, trabajos en hoja de lata, en madera, con alambre, con arcilla y yeso, y de talla. 
Posterior a esta primera denominación, en el plan de estudios para las escuelas secundarias de 1962, los grupos de materias son clasificados en once ramas, una de ellas que emerge bajo la segunda denominación es “Artes industriales”, en la que se incluían los siguientes trabajos: mecanografía, fotografía, aeromodelismo, mecánica, modelado, encuadernación, carpintería, culinaria, juguetería, primeros auxilios, entre otros – no se sabe cuáles –; varios de ellos ya abarcados desde décadas anteriores; y aquí una premisa: pareciera ser que “Artes Industriales” ingresó al pensum en reemplazo de “Trabajos manuales”. El contenido abarcado por las asignaturas era bastante símil, y el saber que circulaba en ellas se erigía principalmente sobre la enseñanza práctica, encaminada hacia aquello de “aprender haciendo”. 
Entonces, esta es la forma en que la enseñanza de la técnica se revela en forma de materia escolar. Cabe advertir, que estas actividades manuales al parecer se mantuvieron “alejadas de la escuela primaria, [o tal vez consideradas sólo como preparatorias para el ejercicio manual.] Las artes manuales o las enseñanzas prácticas eran estimadas sólo como privativas de la educación vocacional, reservadas a los individuos especialmente dotados para su aprendizaje y perfeccionamiento”[14].
Ahora bien, cuando la enseñanza de la técnica se revela en forma de centro de enseñanza especializado, nos enfrentamos con establecimientos que se dedicaron particularmente a la instrucción secundaría técnica, tales como las escuelas de bellas artes, la escuela de artes y oficios, las escuelas normales y los colegios privados dirigidos por congregaciones católicas. Entre ellos es importante señalar al Colegio Nacional de San Bartolomé (Jesuita), el Colegio San José (Lasallista) y Colegios Salesianos y Maristas. 
Luego, con todo este escenario y con la intención de historiar la enseñanza de la técnica, en tanto es una manifestación de la tecnología en la escuela de primera mitad del siglo XX, se hace necesario rastrear la procedencia de ese contenido, primero, en la materias de enseñanza que posiblemente antecedieron la tecnología (en caso de que la tecnología como materia escolar reciente no contengan unas marcas procedentes de asignaturas pasadas, habrá que considerar la posibilidad de que su entrada en escena a la escuela hubiese sido dada de manera abrupta por intervención de fuerzas externas, lo que nos conllevaría a determinan aquella condiciones de posibilidad) y  segundo en los centros de enseñanza especializados. En este sentido los cuestionamientos que orientaron este trabajo se relacionan con: ¿Qué saberes y qué discursos circularon en la escuela de la primera mitad del siglo XX en relación con la enseñanza de la técnica? ¿En qué superficies fueron visibles dichos saberes y discursos? Y la pregunta por el presente. ¿Hay correspondencia de este contenido con la actual materia de enseñanza?



*Licenciada en Diseño Tecnológico, Universidad Pedagógica Nacional. Estudiante Maestría en Educación. Código: 2015287528.
[1]VIÑAO, Antonio. (2006) La historia de las disciplinas escolares. España: Ediciones Universidad de Salamanca, p.266. 
[2]En relación a la definición de tecnología y técnica que se asume en este escrito, véase,  CARVAJAL, Germán. Observaciones historiográficas sobre el diseño de una teoría genreal de la tecnología: Aristóteles, Beckman, Marx y Kuhn. En: Revista de Observaciones Filosóficas. Disponible en: http://www.observacionesfilosoficas.net/observacioneshistoriograficos.htm
[3]Al respecto, Marcel Mauss menciona “todos hemos caído en el error fundamental, yo mismo durante muchos años, de creer que solo existe una técnica cuando hay un instrumento”. MAUSS, Marcel. Sociología y Antropología.
[4]MARTINEZ, BOOM, Alberto, NOGUERA y CASTRO (1999). Maestro, escuela y vida cotidiana en Santafé Colonial. Bogotá: Sociedad Colombiana de Pedagogía, p.35.
[5]SILVA, Rénan. (1989). La educación en Colombia: 1880-1930. En: Nueva Historia de Colombia. Bogotá: Planeta Colombiana Editorial, p. 78. 
[6]Ibíd., p.79.
[7]MINISTERIO DE EDUCACION NACIONAL. (1939). Pensum y programas para las escuelas normales. Bogotá: Imprenta Nacional, p. 46
[8]MINISTERIO DE EDUCACIÓN NACIONAL. (1962). Plan de estudios y programas de enseñanza medía y de bachillerato. Bogotá: Editorial Voluntad Ltda, p. 2. 
[9]MINISTERIO DE EDUCACIÓN NACIONAL. (1939) Op. cit., p. 117. 
[10]NIETO CABALERO, Agustín. (1993). Prologo. En REYES, Luis. El trabajo manual en la escuela primaria. Bogotá: Escuela Tipográfica Salesiana, p.4. 
[11]Ibíd., p.4. 
[12]MINISTERIO DE EDUCACIÓN NACIONAL. (1941). Programas de dibujo y trabajos manuales y observaciones generales sobre estas actividades. Tunja: Imprenta Oficial, p.13.
[13]MINISTERIO DE EDUCACION NACIONAL. (1939). Pensum y programas para las escuelas normales. Bogotá: Imprenta Nacional, p. 117
[14]MINISTERIO DE EDUCACIÓN NACIONAL. (1941). Programas de dibujo y trabajos manuales y observaciones generales sobre estas actividades. Tunja: Imprenta Oficial, 1941, p.4.