jueves, 28 de enero de 2021

Leer y escribir 9

 ESCRIBIR EN LA LECTURA

Aliex Trujillo García 


El huevo en la gallina

Dicen que la novela Don Quijote de La Mancha, en el siglo XVII, hizo que se supiera leer el castellano sin saberlo escribir. Habría entonces, en los albores de la lengua castellana, un desfase entre una alfabetización lectora y otra escritora. Según los activistas de la enciclopedia más citada en las tareas escolares, en un tiempo y un territorio, fue posible tener una mayor alfabetización lectora que escritora. Dicen estos activistas globales del enciclopedismo: “La alfabetización [de El Quijote] fue más rápida en cuanto a la lectura que en cuanto a la escritura.”. Además, aseguran que estos efectos tienen su causa en la proliferación del libro, con la naciente imprenta de tipos móviles. Habría que preguntarse ¿Cómo es posible un desfase funcional entre la lectura y la escritura? En el ejemplo de El Quijote, el discurso investigativo pondría en relación unos conceptos, que se irían formalizando para pensar si es posible la lectura sin la escritura. Buscar y organizar los conceptos en la escritura no produciría literatura, produciría una escritura particular. La novela El Quijote podría, de esta manera, ser objeto de ese discurso investigativo, al aceptar la novela como productora de un efecto, en el que es posible la mencionada relación disociativa entre la lectura y la escritura. Este discurso investigativo sería adoptado por una postura, se harían experimentos, ensayaría conceptos, demostraría algoritmos, diseñaría instrumentos para comprobar si se puede aprender a leer sin saber escribir. No obstante, en el presente texto, la escritura y la lectura forman una unidad que se retroalimentada, ninguna prexiste a la otra, ninguna existe sin la otra. Se toma como frívola la afirmación de estos enciclopedistas de marras, desestimando el rumor sobre esta disociación en la recepción de El Quijote, ejemplo, por estar respaldada, más por una anécdota que por datos. Aunque, para cierta postura, la anécdota puede llegar a cifrarse como un dato.

Lectura particular, se escribe con otros

Escribir en investigación puede describirse como, aprender a resonar con las ideas de los otros. Aquellos otros que, acumulan un esfuerzo en hacer aparecer un mundo por comprender. La resonancia es un momento de acuerdo entre extraños, entre distintos. Todo ente tiene su propia frecuencia de oscilación (el columpio, el hijo), en tanto, dotado de materialidad y capacidad de operación. La planta es operación del sol, los animales son operación del alimento y la procreación, los hombres son operación, además, del lenguaje. Alguna cosa de uno de los dos extraños, encuentra una vibración coherente con alguna cosa del otro, basta que haya un medio propagador y organizador en la gramática. La escritura es un efecto cíclico de la lectura, o un efecto de doble vía en la resonancia. En medio de esta resonancia, hay un sujeto que se beneficia con el aumento de la amplitud de oscilación total del sistema, propio de toda resonancia. La resonancia puede tener efectos destructivos o constructivos. De tal suerte, un infarto también es una resonancia eléctrica destructiva, el entusiasmo es una resonancia química constructiva; aunque un entusiasmo pueda llevar a un infarto. Esto último, sería otra cosa distinta, a empujar al hijo en un columpio, que también es una resonancia. Si no coincide la frecuencia del empujón del padre o la madre, con la frecuencia del mecerse del hijo, nunca se incrementará la oscilación tan querida por la infancia.

Si se pudiera asegurar algo, se diría que, la resonancia, como analogía, puede ser productiva y, puede facilitar la comprensión de un asunto tan complejo como escribir conversando con otros. Aquellos otros que, han tenido el celo de pensar las posibilidades generales de un asunto. Leer es honrar a los que han escrito antes. Escribir es también honrar a los lectores. Leer es honrar a los que leerán también lo que se ha venido leyendo, aquello que se ha llamado a sí misma, humanidad. Esta humanidad ha ido seleccionando, estudiando, ensayando y aprovechando un grupo de lecturas privilegiadas. Es cierto, hay otras legiones de escritores que no tienen circulación global, entonces, es ventajoso un conocimiento de las lecturas universales para tener más posibilidades en lo marginal, lo local, lo particular de las culturas y sus formas de vida.

Conocer a Karl Marx y Sigmund Freud es más relevante y prometedor que conocer a los marxistas y freudianos. Con ese conocimiento, se podría llegar a ser marxista o freudiano y desde ahí, tomar lo particular, las formas específicas en el estudio del mundo, de una región, una comunidad, un colectivo, una empresa. Incluso entonces, tomar, desde una postura particular, la mirada de los comentaristas de esos clásicos, pero ya domeñados. Habría que superar la lectura de Estanislao Zuleta, leyendo a Marx, Freud y Cervantes. Recomendación: que la lectura de los contemporáneos (Slaboj Zizek, Peter Sloterdijk o Byung-Chul Han), no distraiga la lectura de los clásicos y, tal vez, favorecer el encontrar las fuentes de otras soluciones para el mundo, tal como lo intentan estos mismos escritores contemporáneos. Se podría decir, como aliteración del refranero: un libro clásico, a nadie se le niega. En el mismo nivel de necesidad que el agua, los saludos, la palabra de Dios, la candela; son necesarios los libros clásicos. 

Jorge Luis Borges, al inicio de su conferencia sobre La Cábala, rescata la etimología de Clásico, viene de classis, shipshape, se puede traducir como ordenadísimo. Además, la etimología que regala el escritor argentino, remite a un “libro eminente en su género”. Leer los clásicos es una oportunidad innegable a los que vienen. Escribir en investigación es incorporarse a ese delirio del decir eminente, ordenado con otros. Estudiar los clásicos puede enseñar sobre la forma en que se ordenan lo textos eminentes en una disciplina. Hay obras eminentes en su género, el prestigio alcanzado testifica su falta de historia, su actualidad permanente, su testimonio de lo que siempre seremos, su clarividencia necesaria.

La escritura en investigación puede encontrar una forma de tramitar que es particular, tienen una particularidad que hace conjunto: los conjuntos de la forma jurídica de la autenticidad, la forma ética de la responsabilidad, la forma científica de la veracidad. Estos conjuntos incurren en la transformación de la escritura, con la lectura incesante de los antecedentes que son, todo saber. Cada forma de los conceptos (autenticidad, responsabilidad y veracidad), en una investigación, tendrían una escritura que se ajusta a una forma discursiva propia a una tradición. 

La forma educativa agrupa estas formas anteriores, para tomar decisiones sobre el saber determinante para las futuras generaciones y la forma de entregar un ímpetu de saber. Las nuevas generaciones encuentran siempre la manera de hacer diferencias, pero tienen la oportunidad, de conocer a fondo aquello, de lo que tienen necesidad de separarse. Es una deontología, esa responsabilidad cultural de entregar lo anterior, los que reciben decidirán qué hacer con ese legado, no podrían tomar la decisión sin tenerlo. Dejar de asistir a la responsabilidad de entregar lo anterior, puede tener efectos demoledores en la cultura, en tanto desaparece la oposición. Sin la oposición, las futuras generaciones, ya no tendrían contra qué organizar las opciones. Una forma de ilustrar lo que se dice, es la siguiente, la llamada cultura juvenil tiene un principio de oposición a las formas culturales de sus padres y adultos. Eso es así, al menos, en la cultura occidental, aunque los jóvenes hacen otras cosas por fuera de esta oposición. Pero, si la oposición es el principio ordenador del progreso, entonces, cuando el adulto educador emula la escritura de las culturas juveniles, porque confía en que así tendrá más recepción, más proximidad con sus estudiantes; podría estar suprimiendo el principio del progreso, que es la contradicción, en este caso, el conflicto alrededor del saber. 

En términos educativos, la formación es un efecto de la disposición de un acceso a un legado, legado que hay que conquistar con trabajo intelectual. La operación que se propone, es de ampliación más que de sustitución. La escritura ficcional es muy importante, tan importante como la escritura investigativa, pero tienen diferencias tonales, ortográficas y arquitectónicas. La ficción es la primera persona íntima (la ficción es también esa intimidad). En cambio, la escritura investigativa es separación de esa intimidad. Cuando trabajan juntas es posible una escritura en investigación que estudie las formas literarias de la novela francesa del siglo XIX. Habría que leer novelas, La educación sentimental, por ejemplo, primero para soñar, después para estudiar. Habría que leer para estudiar el realismo literario como movimiento artístico. De la misma forma que otros estudiaban los mecanismos ocultos en las mesas de los salones de las médiums, en esa misma París del segundo imperio.

El riesgo de las formas de tramitar en la escritura no es particular, es singular, hay algo que no hace conjunto. Lo que no hace conjunto se puede jugar en la ficción y en la poética, pero no en la investigación. La ficción y la poética, hacen de la primera persona gramatical, una entidad producida por las posibilidades de ensanchar el mundo. En la investigación cambia el tono de la escritura, necesariamente. Lo que es la primera persona en La educación sentimental, de Gustave Flaubert, queda excluida en la escritura de la investigación. En la novela, el estilo indirecto libre es un narrador que puede describir lo que piensan los personajes, habla como personaje que habla de otros personajes. La narratología puede hacer una investigación sobre esto. Cuando Flaubert se inventa este estilo, no pensaba en una categoría narratológica, estaba haciendo otra cosa, poniendo a prueba en la escritura, tal vez, la escritura misma. 


miércoles, 1 de julio de 2020

Editorial 7,

Editorial

Para los números 7 y 8 consideramos e invitamos a estudiantes del departamento de posgrado tanto de la especialización como de CINDE institución en convenio e incluimos en la sección Leer y escribir la posibilidad de que las historias de vida o las autobiografías de los estudiantes y egresados, así como las semblanzas de profesores, puedan ser difundidas. 
Tenemos para este número la participación en la sección autobiografía a Gambasica Díaz, Cielo Katherin[1] con un Ejercicio autobiográfico: Llegar a ser maestra… ¡y de Ciencias Sociales! en la Sección Reseña, de un lado, el libro Colombia: La Modernidad Postergada de Rubén Jaramillo Vélez de Muñoz Fonseca, Diana Carolina[2] y de otro, la película: La sombra del caminante: Un retrato de los Derechos Humanos en Colombia elaborada por Quintana-Gallego, Darwin[3]. En la Sección Avances de investigación a Gutierrez Rengifo, Lucy Alejandra[4] con La enseñanza del patronaje en Colombia. Entre sastres y modistas, primera mitad del siglo XX y en la Sección Ensayo a Rojas López, Liliana[5] con La biopolítica de control: Jorge Bejarano y la derrota de la chicha.
La temáticas abordadas muestran la diversidad de la formación que ofrece el Departamento de Posgrado en sus distintos programas, desde los grupos de investigación que respaldan la formación posgradual de la Universidad. Los invitamos a recorrer sus páginas.






[1] Egresada. Especialista en Pedagogía. 2020.1 UPN. Licenciada en Ciencias Sociales. Elaboración del ejercicio autobiográfico durante el Seminario de Historia de la Pedagogía 2019-II 
[2] Egresada. Magister en Educación. Universidad Pedagógica Nacional. Reseña elaborada en el marco del Seminario: “Surgimiento de la universidad de occidente”. Abril 2016.
[3] Estudiante de la Maestría en Desarrollo Educativo y Social. Convenio UPN-CINDE, Integrante del Semillero de Investigación Pedagogías Críticas, Memorias y Alteridad. Licenciado en Educación Comunitaria con Énfasis en Derechos Humanos UPN. Correo: dquintanag@upn.edu.co
[4] Candidata a Magister. Maestría en Educación. Universidad Pedagógica Nacional. SPI, grupo Educación, pedagogía y subjetividades. Profesor Bernardo Galindo 2020-1
[5] Egresada. Magister en Educación. UPN 2020. Universidad Pedagógica Nacional Maestría en Educación. Seminario Intensivo sobre el cuerpo. Profesores: Universidad Pedagógica Nacional y Universidad De La Plata. Mayo 2016.

Editorial 8,

Editorial

Para los números 7 y 8 consideramos e invitamos a estudiantes del departamento de posgrado tanto de la especialización como de CINDE institución en convenio e incluimos en la sección Leer y escribir la posibilidad de que las historias de vida o las autobiografías de los estudiantes, como las semblanzas de profesores puedan ser difundidas. 
Tenemos para este número la participación en la sección autobiografía a Riveros Hernández David Camilo[1] con “Breve Pincelada de mi Autobiografía”, en la Sección Reseña, En Reseña Vásquez, Luz Ángela[2] con Genealogía de la anormalidad según Michel Foucault del Libro de Los Anormales. Clase del 22 de enero y del 5 de febrero del 1975.
En la Sección Avances de investigación a Báez Monsalve Juan Fernando[3] con Aquellos niños que yo también fui.Vínculos y resistencias de los sujetos gais en la escuela y en la Sección Ensayo a Lezmes, Kevin [4] con El poder y la resistencia.
La temáticas abordadas muestran la diversidad de la formación que ofrece el Departamento de Posgrado en sus distintos programas, desde los grupos de investigación que respaldan la formación posgradual de la Universidad. 
Los invitamos a recorrer sus páginas y reconocer las diferencias teórico metodológicas de las producciones publicadas.



[1] Candidato a Magister en la Maestría en Educación de la UPN. dcriverosh@upn.edu.co Elaborado en el marco del seminario "La Voz de las Otros", llevado a cabo por el Profesor Gabriel Lara en el semestre 2020-I 
[2] Candidata a Magister. Maestría en Educación. Reseña adelantada durante el Seminario intensivo Educación e Inclusión con los profesores de la Universidad de Reims y Nantes y la UPN 2019.
[3] Historiador y candidato a Magíster en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional. Directora de la Tesis: Piedad Ortega Valencia Grupo de Investigación Educación y Cultura Política. Línea de Investigación: Pedagogía Crítica y Alteridad.
Durante casi cinco años se ha dedicado a estudiar las dinámicas históricas de la existencia de los cuerpos no reconocidos por las normas de género, desde una perspectiva histórica, política y ahora desde la educación. Su última publicación ha sido “Homosexualidad y prensa escrita: Vanguardia Liberal, Bucaramanga (1991 - 2007)” (2018).
[4] Candidato a Magister. Maestría en Desarrollo educativo y Social CINDE. Línea de socialización política. Filósofo. 2019



martes, 30 de junio de 2020

Reseñas 8,

Reseña

Genealogía de la anormalidad según Michel Foucault del Libro de Los Anormales.
Clase del 22 de enero y del 5 de febrero del 1975.

Luz Ángela Vásquez[1]


Foucault hace un análisis del dominio de la anomalía a partir de tres figuras (monstruo humano, el individuo a corregir y el masturbador), las cuales se empezaron a constituir en el siglo XVIII, en el siguiente siglo se planteara el problema de la anomalía.
En primer lugar, se hace referencia aquella persona que “en su existencia misma y su forma, no sólo es violación de las leyes de la sociedad, sino también de las leyes de la naturaleza”[2], se le designa a este individuo como un fenómeno y algo raro, ya que son evidentes las diferencias e irregularidades poniéndole en desventaja ante los demás; es decir que en su forma física expresa ciertas deformidades anormales que vienen con el nacimiento, por eso va en contra de la naturaleza e infringe las leyes que toda persona debe respetar y cumplir en una sociedad. Y durante todo el siglo XIX el objetivo de Foucault fue encontrar lo que había detrás de las anomalías, las desviaciones y las irregularidades del monstruo.

Es así como el principio inteligible tautológico del individuo acontece y se reafirma con la misma explicación de sí mismo, de lo que es: como un monstruo humano. Éste con el pasar del tiempo entre finales del siglo XIX y comienzos del XX se comienza a relacionar con el campo judicial y el médico.

La segunda figura que hace parte de esta genealogía, corresponde al individuo a corregir, su campo de acción se desarrolla dentro de la familia y su relación con las instituciones tales como los talleres, la escuela, de la sociedad, la iglesia, la policía entre otras; siendo un “individuo corriente”[3], se presenta como regular en su irregularidad, siempre está muy próximo a las reglas y es muy difícil dar evidencias de sus actos, por su cercanía a los espacios en lo que se desenvuelve y circunda, por lo tanto es incorregible.

Ahora bien, la tercera figura es el niño masturbador, su campo de aparición está dentro de la familia y en los espacios tan estrechos propios de ella como “el dormitorio, la cama, el cuerpo; son los padres, los supervisores directos, los hermanos y hermanas; es el médico; cada una especie de microcétula alrededor del individuo y su cuerpo”[4]. Es excepcional y no tan frecuente como la figura anterior, se caracteriza por presentarse “en el pensamiento, el saber y las técnicas pedagógicas del siglo XVIII”[5]. Se afirma sin embargo como la masturbación era algo universal, que no se conocía, era un secreto, pero que de una u otra forma todo el mundo conocía y practicaba, tal práctica llegó a ser considerada origen de todas las enfermedades posibles, deformidades en el cuerpo y monstruosidades del comportamiento. Lo anterior se muestra antecediendo al anormal del siglo XIX, inmerso en prácticas correctivas que hicieran posible su aproendizaje.

Con el tiempo, en este mismo siglo emergieron tecnologías para los individuos anormales,  cuyo objetivo era el de aplicar un sistema de poder y de saber para cada una de forma separada, para el monstruo los poderes del poder judicial, para el incorregible fue necesario que las funciones de la familia y de las técnicas disciplinarias se transformaran y, con referencia al masturbador los poderes entraron a controlar y vigilabar las prácticas sexuales. 

El monstruo siguió con más fuerza durante todo el siglo XIX pero con aspectos relacionados con crímenes con las más horribles características, tal figura logra que el sistema judicial y el médico se interroguen para definir y hallar el culpable de algún crimen. Pero finalmente es el masturbador que encierra a las otras dos figuras para ser el problema fundamental de la anomalía. El monstruo aun con sus deformidades en el cuerpo, va en contra de la naturaleza pero sigue teniendo derechos, lo contrario sucede con la monstruosidad irregularidad natural que se caracteriza por poner en cuestión el derecho, es el caso de las hermafroditas que con sus deformidades y los discursos médicos y judiciales entran a proceder para hacer exámenes y pericias, y determinar si han ido en contra de las leyes o no, para imponer castigos, en este caso la monstruosidad se refiere a los comportamientos de tipo moral que infringen la ley. De ahí en adelante se empieza a transforma esa monstruosidad en la figura del monstruo criminal.

Pues bien, este clase de monstruo ahora se presenta en otras dos formas: el del antropófago quien comete actos anormales, como el alimentarse de cadáveres humanos y, el incestuoso (los padres mantienen relaciones con sus hijos) lo que mantuvo ocupado varios años al campo de la psiquiatría penal. Pero son los hijos de estos grandes monstruos designados por Foucault como los pequeños anormales o los pulgarcitos. Los niños anormales con sus conductas no apropiadas dieron origen a la “aparición de técnicas o tecnologías como la psicotécnica, el psicoanálisis o la neuropatología”[6] las cuales implementaron la interrogación, el análisis de las maldades de estos con el fin de atenuar tales conductas. 

Es  importante destacar que antes que la psiquiatría pertenecería a la parte médica ésta hacia parte de la higiene pública, porque sus funciones eran las de proteger a la población de las consecuencias que traían las enfermedades a tal punto que enmarcó a la locura como una enfermedad. Es entonces que la psiquiatría empieza a desplegar todo su saber y poder  para hacer todo un análisis de la locura, sobre su naturaleza y su esencia. Se enfoca en desplegar su mirada a los crímenes inteligibles es decir donde no hay ninguna razón. El saber penal trabajó al lado de la psiquiatría  a la hora de jerecer el poder punitivo le daba la razón o su justificación suficiente para condenar o no al criminal como delincuente o loco. 

La psiquiatría también tuvo puntos a considerar en sus análisis sobre la locura criminal aspectos como los instintos, el acto de delirio y los estado de sueño en los que se apoyaba para justificar tales actos, sin embargo fue transformándose su saber y poco a poco se ocupando de los trastornos y problemas de conducta como irregularidades que se constituyeron en todas las anormalidades. Sin embargo el tema de los instinto no quedó atrás y junto con otros aspectos como el delirio, la demencia, las pulsiones, las obsesiones y la histeria se fue complementando su campo de aplicación. Hacia finales del siglo XIX la psiquiatría estará caracterizada por la eugenesia relacionada con la herencia, la purificación de la raza y la corrección de la misma y, de otro lado el psicoanálisis más familiarizado con la normalización de los instintos.

En conclusión, el amplio campo de la psiquiatría al decir de Foucault, pasó de tratar únicamente a la locura como enfermedad, para pasar a tratar a la mayoría de las conductas consideradas como anormales en los sujetos y, desde su saber, implementar acciones para normalizar y homogenizar a la población.

Bibliografía
Foucault, M. (2000). Los anormales. Buenos Aires, Fondo de Cultura, 2011
Universidad Sergio Arboleda. (2016). La reseña. Universidad Sergio Arboleda. https://www.usergioarboleda.edu.co/wp-content/uploads/2016/01/resenas.pdf?5a274


[1] Candidata a Magister. Maestría en Educación. Reseña adelantada durante el Seminario intensivo Educación e Inclusión con los profesores de la Universidad de Reims y Nantes y la UPN 2019.
[2] Foucault, M. (2000).Los anormales. Buenos Aires, Fondo de Cultura, 2011, p.61
[3] Foucault, M. (2000).Los anormales. Buenos Aires, Fondo de Cultura, 2011, p.63
[4] Foucault, M. (2000).Los anormales. Buenos Aires, Fondo de Cultura, 2011, p.64
[5] Foucault, M. (2000).Los anormales. Buenos Aires, Fondo de Cultura, 2011, p. 64
[6] Foucault, M. (2000).Los anormales. Buenos Aires, Fondo de Cultura, 2011, p.108

Memoria de eventos académicos 8,

                                                        Memoria de eventos académicos

En la segunda parte del semestre no se presentaron eventos académicos a los que asistieran profesores y estudiantes que hubiesen implicado desplazamiento.

En el mes de mayo se tuvieron en el marco de las actividades regulares, la socialización de los proyectos de tesis que los estudiantes en la Maestría en Educación adelantan durante el tercer semestre.

También se dio en el mismo evento la socialización en el primer semestre, de los trabajos de grado de la Especialización de Pedagogía en sus dos modalidades (presencial y a distancia).

Leer y escribir 8,

Leer y escribir/historias de vida/autobiografía

Breve Pincelada de mi Autobiografía


David Camilo Riveros Hernández[1]


Ida a Argentina y Regreso a Colombia: Han pasado dos años desde que conseguí mi primer trabajo formal ejerciendo mi profesión, como profesor de arte digital en mi antiguo colegio. Me consume solo 14 horas a la semana y es bien pago, pero no es suficiente, no me llena. No deseo permanecer en este trabajo por más tiempo. Quiero cambios y los quiero pronto. Bogotá me aburre, nada cambia, todo sigue igual, las mismas fiestas y momentos tienden a convertirse en una rutina. Proyecté en un momento hacer un posgrado, con miras a algún día poder ser profesor en mi escuela de diseño gráfico, en mi Universidad Nacional. Uno de mis compañeros de trabajo, el profe de cine, me lanza una idea a la que me voy a aferrar: ir a cursar un posgrado en Argentina. Parece que tras la crisis de 2001 ese país se ha sabido recuperar y goza de buena estabilidad. Cuentan que se vive bien, hay trabajo, y se puede vivir y trabajar legal. Sin pensarlo mucho más busco un posgrado que se pueda ligar a mi ámbito profesional. Decido cursar una especialización en diseño comunicacional en la Universidad de Buenos Aires. Aunque en el fondo el estudio no es mas que una excusa para irme. Quiero emigrar, quiero conocer otras latitudes, quiero vibrar. Quiero soltar este letargo que me inunda, quiero ver otra gente más que la misma que veo cada semana. Por esto hago todas las vueltas y papeleos sin descanso y en cuestión de meses confirmo mi viaje y mi aceptación en el posgrado. Me voy para Buenos Aires sin conocer a nadie ni saber mayor cosa de la ciudad. Pero me voy feliz, con ganas de volar, con los ánimos refundados por ese deseo de encontrar algo nuevo o distinto. El tiempo me llevará por caminos nuevos y caminos conocidos, y después de mucho trasegar descubriré que en cuanto te alejas de tu tierra, las raíces comienzan a apretar. Que eso que antes no valorabas, empieza a hacerte falta. Que por más placeres mundanos pasajeros que la vida te da en lugares lejanos, ninguno va a superar el amor de la familia y el sentirte de regreso en tu ciudad natal. Que ese verde espeso y permanente que vemos en Colombia al viajar por sus carreteras, diverso y cambiante, no es algo común en cualquier lugar. Que este clima que cambia según la altura sin importar la época del año, es una magia tropical que hasta no vivirla muchos creen que no es real. Que esa humildad de nuestras gentes, su inocencia en la mirada y frecuente ingenuidad, más que un defecto es un secreto que debemos guardar, porque ya se ha perdido en casi todo lugar. Al irse lejos todo lo malo se olvida, y solo lo lindo y lo bueno es digno de ser recordado. Lo malo y negativo nos estará esperando al regreso, para hacernos caer en cuenta que la vida es un constante ir y venir de situaciones que cambian y se modifican según las caminemos e interpretemos. Argentina me ha obsequiado una riqueza inmensa, de una cultura de la resistencia y el respeto que está por construir aun en mi tierra natal. Una ciudadanía con una base educativa fuerte, que se reconoce sujeta de derechos y deberes, y exige del Estado y las empresas, y de si misma como sociedad, se le considere y respete como tal. Con sus virtudes y defectos, he llegado a vivir una cuarta parte de mi vida en Buenos Aires, y me he sentido parte de ella. Un pedacito mío siempre se sentirá Argentino, y consideraré a ese país mi segunda patria. Buenos Aires me ha marcado para siempre: ciudad de inmigrantes, ciudad abierta, ciudad amiga; ciudad sucia, ciudad violenta, ciudad fría; ciudad bipolar, ciudad enloquecida. Toda una ciudad de la furia.

Mi entrada a la Universidad Nacional tuvo que esperar: Mi sueño al graduarme del colegio había sido entrar a la nacho y se me habían dado todas las herramientas para lograrlo. Recibí de parte del colegio el formulario de inscripción como bachiller preferencial. El vicerrector me preguntó varias veces si estaba seguro de querer estudiar en la nacional. Al estudiar en un colegio privado, solo un mínimo de mis compañeros se decidía por entrar a una universidad pública. Me presenté para diseño gráfico. De más de 1000 estudiantes que se presentaban para esa carrera, solo 90 pasaban al examen específico. Pasé. De esos 90, 27 serían los seleccionados para estudiar. El segundo examen, al menos estadísticamente, parecía más factible de superar. Pero no lo pasé. Entré en crisis y en una pelea con Dios que duraría bastantes años más. Sin embargo, mis padres se negaban a la idea de dejarme un semestre sin estudiar, mientras me volvía a presentar. Ingresé a la Corporación Universitaria Las Mercedes para estudiar diseño gráfico, recomendada por mi profesor de taekwondo. Una de las muchas universidades de garaje de nuestra ciudad, casualmente situada en frente al campus de la Universidad Pedagógica Nacional, sobre la calle 73. Fue allí donde conocí personas que cambiarían mi óptica de la realidad para siempre. Compañeros de estudio, de otras zonas de Bogotá que nunca había visitado ni conocido en profundidad. Me presentaron géneros musicales que no conocía bien, que me cautivaron e interesaron profundamente, trascendiendo más adelante en deseos de cantar y conocer otras versiones del mundo más allá de las oficiales. Al conocer el Reggae y analizar sus letras y contenidos, muy pronto me interesaría por las luchas raciales de América Latina, África, Medio Oriente, y Asia. Pronto también descubriría un rugir en mi voz similar al de algunos cantantes jamaiquinos. Me convertiría en un artista, en un cantante, denunciando realidades que había comenzado a conocer de primera mano en los barrios bogotanos del suroccidente. Todo un nuevo mundo se abría ante mí, que me mantendría cautivado por casi una década, hasta que sus mismos excesos y contradicciones me llevarían a alejarme de él. 

Finalmente llegó la etapa triunfal en la Universidad Nacional: Ya me había presentado dos veces a la nacho, y las dos veces había perdido el examen específico. Me sentía decepcionado. Pasaba el examen que descabezaba a miles y no lograba pasar el que se definía por mi talento artístico. Si no pasaba al tercer intento, optaría por estudiar literatura. Los libros y la escritura habían sido mi pasión desde la infancia, pero siempre habían ido de la mano de la depresión. Además, la incertidumbre de no saber a qué dedicarme laboralmente siendo literato, me habían alejado de mi pasión. Pensaba que estudiando diseño al menos podría perfilar mis gustos por el arte hacia un campo laboral. Pero si al tercer intento tampoco pasaba, llegaría el momento de sumergirse en las aguas profundas y pesadas de la literatura. En la época previa a este tercer intento mi mamá encontró que ofrecían cursos abiertos en la nacho en la misma facultad de artes de la cual quería hacer parte. Me sugirió que hiciera uno y aprovechara para preguntar a los profes sobre claves de cómo pasar el examen específico de diseño gráfico. No pudo tener más razón. El profesor del curso elegido, de humor gráfico y caricatura, había sido profesor en la carrera de diseño gráfico y había tenido que evaluar los exámenes específicos. Me dijo que el secreto no era la cantidad, sino la calidad: más que terminar de llenar todo el examen, debía ser muy creativo en los puntos que me exigieran dibujar y plasmar ideas propias. Fue lo que hice cuando llegó el momento. Me salté todo el examen y me concentré en los ejercicios abiertos de dibujo del final. No busqué usar demasiados colores ni marcadores, sino que con un solo lápiz dibujé lo más creativo que se me ocurriera. La decisión surtió efecto: pasé el examen específico quedando en el séptimo lugar entre más de 1500 estudiantes. Entré por fin a la nacho, la cual me cambiaría para siempre, para bien y para mal. Conocería las obras de Karl Marx, Friedrich Engels, Mao Tse Tung, y Vladimir Ilich Lenin. También me sumergiría en el profundo consumo de marihuana y se me facilitaría el acceso a otras sustancias. En la nacho todo estaba al alcance de la mano. Pasaría el 11 de septiembre de 2001 en una pedrea monumental avivada por la visita a Colombia del Secretario de Gobierno de los Estados Unidos, quien al final nunca llegaría porque las torres gemelas caerían ese día. Yo solo me enteraría a la tarde, al volver a casa oliendo a pólvora y gas, tras un tropel histórico. Se llegaba, pero nunca se sabía, a qué hora nos iríamos. Todos los días podía haber fútbol, tomata, fumiza, parranda o parqués, además de estudio. La U. era la zona de tolerancia más grande de Bogotá. Un lugar en el que se podía sentir la libertad. El carné daba derecho a armar y fumar un porro en la cara de un guardia de seguridad. Los tropeles y las peleas a piedra con los tombos, por defender la universidad, daban un sentido de pertenencia sin igual. Las marchas por la 45, la 26, la séptima, hasta la plaza de Bolívar, en protesta a los asesinatos de estudiantes, en el 2012, o el 1º de mayo, hacían sentir que la vida tenía propósito. Las tardes pastando en los prados del campus son una actividad inolvidable, difícil de llevar a cabo en la actualidad. La nacho me ofrecía y me quitaba todo a la vez. El cielo y el infierno, la luz y la oscuridad, la vida misma, cada día, cada mañana, cada semana, por cinco años que siempre voy a recordar.

La Etapa Escolar se desarrolló en Dos Lenguas: Decidieron matricularme en el Colegio San Carlos, para que tuviera una educación bilingüe y aprendiera inglés desde niño. Más allá de los traumas y problemas de haber estudiado en un colegio católico bilingüe masculino, los conocimientos que allí adquirí determinaron muchas cosas en mi vida. Una educación que muchas veces miraba mas a los Estados Unidos que a Colombia. Un férreo y estricto régimen en los años de primaria, con profesoras mayores, muchas de ellas nativas estadounidenses, de temperamentos fuertes y una cruel creatividad retórica para los regaños. Como consecuencia crecí y me formé hablando y pensando en dos idiomas, y lo sigo haciendo hasta el día de hoy. Crecí conociendo sobre personajes y obras tanto de Sur como de Norteamérica, y fui educado bajo el modelo de otro país; fui preparado para irme de Colombia y seguir mi vida en los Estados Unidos, hablando otro idioma y entendiendo otra cultura más allá de la mía. Muchos de mis compañeros emigraron, algunos para estudiar, otros más adelante para trabajar. Pero esa nunca sería mi intención. Llegaría la universidad pública para concientizarme de las luchas y las riquezas de mi tierra, y hacerme entender que más allá de todo lo extranjero que aprendí, soy mucho más colombiano que de cualquier otro lugar.

La medicina ancestral indígena llega y genera un cambio estructural:  Hacia las 9 de la noche tomé la copa del espeso, dulce y amargo remedio. Sus fuertes efectos físicos y psicológicos me hicieron temer por mi repentina muerte y rogarle a Dios por mi vida, tras invocarlo cientos de veces en la noche; después de tantos años de haberlo mantenido al margen de ella. También tuve visiones, proyecciones de mi existencia, posibles alternativas de vida a mediano plazo. Me vi aquí mismo, en esta vereda del Putumayo, al borde de la carretera Villa Garzón - Puerto Asís. Caminaba por estos mismos caminos, pero ya no como un visitante. Vivía acá, trabajaba en la escuela. Compartía mis conocimientos del idioma inglés con los niños y las niñas de la comunidad. Hacía parte de esta otra Colombia, lejana y profunda. Interpreté estas visiones como una señal: mi nuevo camino debía ser el de la educación. Sería mi modo de aportar al mundo, hermanando mi disciplina del diseño gráfico con los fines sociales que siempre había querido darle a mi vida. Las visiones se fueron, pero su mensaje se mantiene hasta el día de hoy en mi mente, tras tantos caminos recorridos. Fueron la señal disparadora de un cambio radical en mi vida. Tuve que pasar año y medio de trabajos y ahorros para encausar el mensaje en una decisión académica. Decidí cursar una maestría en educación que años atrás no me hubiera contemplado realizar. Las tomas de yagé continuaron, los mensajes se mantuvieron y el propósito fue ratificado: izar las banderas de la educación, como un apostolado encomendado por Dios al hacerme tan consciente de su existencia a través del remedio.

El trabajo con las comunidades afrodescendientes me sensibiliza más: Sobre nuestro grupo de trabajo se cierne un sol abrasador. Una fuerte humedad inunda el ambiente. Llevamos horas recorriendo las distintas casas, en su mayoría humildes, de los habitantes de Ararca, uno de los corregimientos de Barú, en Cartagena de Indias. Hemos caminado a través de matorrales, barrizales; casas con pisos de tierra o de baldosas; casas con sofás o con sillas hechas de palos. Humildad mayoritaria. Hemos documentado y fotografiado. La intención del proyecto que llevamos a cabo, de crear libros infantiles a partir de historias de los pobladores, es una idea movilizadora. La jornada ha sido larga, y es la primera de muchas. Pero las sonrisas de los niños, llenas de inocencia, alegría, esperanza y ganas de vivir, son suficientes para olvidar cualquier cansancio corporal. El hecho de que mi esfuerzo pueda contribuir a proporcionarles una buena calidad de vida me llena el alma. Es entre el barro, en medio de un caserío insular a 38 grados centígrados, donde soy feliz y siento que lo que hago en mi vida sí vale la pena. Debo encontrar cómo hermanar el voluntariado con un modo viable de supervivencia. He ido a visitar la Escuela de Bellas Artes de la ciudad. Una de las carreras ofrecidas en la escuela es diseño gráfico: mi profesión. Me he entrevistado con el director de la carrera. Le he presentado mi hoja de vida. Mis once años de experiencia laboral en Argentina le han llamado la atención. Pero igual es pertinente y necesario cursar una maestría en pedagogía o educación para ser profesor en la escuela. Las visiones de mis tomas de yagé regresan a modo de recuerdos. Esa maestría puede ser la manera de virar mi profesión hacia la tarea encomendada de enseñar, también de enfocar mis conocimientos y experiencia laboral hacia la educación, y de adquirir conocimientos enfocados en poblaciones particulares del país.

Conclusión: Son muchos los momentos y experiencias que nos determinan o nos marcan en nuestra construcción como sujetos. Si nos ponemos en la tarea de recordarlos, detallarlos y analizarlos respecto a lo que somos actualmente, estos parecen presentarse y comprenderse con mayor claridad. El pensarme y sentirme profesor me permite mirar hacia atrás y encontrar esos hechos que me trajeron hasta acá. El ejercicio autobiográfico me evidencia su efectividad a nivel reflexivo, para preguntarme quién soy, dónde estoy, y para dónde voy. Me seduce también como método investigativo y pedagógico que genere reflexiones iguales o más profundas en mis propios estudiantes, y que permita, por fin, escuchar esas otras voces, muchas veces ignoradas o subvaloradas, de nuestros otros, para construir nuestra propia epistemología de la otredad.


[1] Estudiante Maestría en Educación UPN. dcriverosh@upn.edu.co Elaborado en el marco del seminario "La Voz de las Otros", llevado a cabo por el Profesor Gabriel Lara en el semestre 2020-I para la Maestría en Educación, se nos encomendó a los estudiantes la tarea de realizar nuestra autobiografía. Buscamos hacer uso de los métodos narratológicos que estudiamos en clase para contar nuestra propia experiencia de vida. Para lograrlo reflexionamos a partir de varios interrogantes, algunos planteados por el profesor en las primeras clases, otros que nacieron en el desarrollo del mismo ejercicio: ¿Qué factores determinaron o influenciaron nuestra construcción de subjetividad como individuos? ¿Pudieron ser experiencias particulares de nuestras vidas, momentos trascendentales que propiciaron cambios estructurales, o hechos históricos nacionales y mundiales? ¿Cómo los contextos en que vivimos determinaron la interpretación que le dimos a esos hechos? ¿Cómo algunos sujetos en particular influenciaron e impactaron nuestro desarrollo a través de sus actos o actitudes hacia nosotros? En este escrito se hacen presentes todas estas reflexiones, encausadas en una pregunta central: ¿Cómo llegamos a elegir para nuestras vidas el camino disciplinar de la educación? 

Ensayos y artículos de reflexión 8,

Ensayo

El poder y la resistencia

Kevin Lezmes[1]

En el texto “sujeto y poder” Foucault nos invita a que retiremos los prejuicios y conceptos previos que tenemos a cerca del poder y de sus significaciones para entender la trama de relaciones que hay tejidas alrededor de nosotros como humanos convertidos en sujetos y sobre todo, en sujetos del poder y con poder. El autor nos acerca a  una nueva mirada respecto a las relaciones de poder en tanto acciones y estrategias que están presentes incluso en la vida cotidiana. Es de resaltar que este poder al que se refiere Foucault es un poder humano, transversal y con características muy puntuales. Sin embargo, en este escrito la finalidad es analizar los distintos tipos de resistencia que posee ese poder al que nos referimos, notando que en la resistencia existe un factor común.

Es de resaltar que Foucault inicia el análisis del poder precisamente desde el análisis de las resistencias, pues a través de la oposición es como podemos hacer un contorno más definido de que son las relaciones de poder. En primer lugar, encontramos que “El objetivo de estas luchas son los efectos del poder en sí.” (Foucault, 1988) es decir que las luchas de oposición al poder no se fijan en el poder y en la instituciones o personas que lo ejercen, sino más bien se oponen a lo que este poder pueda producir. Es de notar que en los análisis clásicos del poder como por ejemplo el materialismo histórico, se suele utilizar un mecanismo de oposición binario, como puede ser la lucha de clases, en el que dos grupos se enfrentan directamente. En este caso el poder y su resistencia combaten encarnando una lucha que es en principio desigual pero que enfrenta más a actores (ciervos contra señores feudales, obreros contra burgueses) que a fuerzas de poder. 

Según el análisis de Foucault, en realidad las resistencias al poder se enfrentan o se oponen más a los efectos de poder que a los poderosos que “tienen” el poder, y esta es una visión novedosa porque extrae en cierto sentido la figura del poder como algo estático y lo ubica en el orden de lo dinámico, pues los efectos de poder a veces son impredecibles. 

La segunda característica del análisis de las resistencias que plantea el autor sigue en la misma línea de la resistencia que se opone a los efectos del poder, lo que deriva en que las luchas de resistencia son inmediatas. Al resistirse a lo efectos de poder, quien se opone lo hace respecto a lo más cercano a sí mismo, o lo que es lo mismo en palabras de Foucault “En tales luchas la gente cuestiona las instancias de poder que están más cercanas a ellas, aquellas que ejercen su acción sobre los individuos.” (Foucault, 1988)Es decir que la resistencia al poder es frente a lo que afecta al sujeto en su cotidianidad, por lo tanto son luchas más reactivas frente al poder que activas, lo cual puede ser interpretado como una resistencia reaccionaria. En este tipo de resistencia, no existe un individuo poderoso detrás del poder sino solo quien ejerce el acto de poder (que regularmente suele ser opresivo). En este caso podemos usar de ejemplo a la policía. Este ente de seguridad no es responsable enteramente de lo que hace, pues ejecuta ordenes que son dictadas por esferas de poder que están en un nivel difícil de percibir en lo cotidiano. Por lo tanto, frente a un desalojo policial, los desalojados verán en la policía al enemigo inmediato y harán un choque físico contra ese enemigo, más no cuestionan de donde y por qué se les pide desalojar.
Cabe anotar en esta caracterización de las resistencias generales que hace el autor, que estas luchas son también transversales, lo cual quiere decir que, frente a un problema o forma del poder opresivo, la lucha no suele distinguir entre nacionalidades o géneros. En general, resalta Foucault, las luchas suelen aparecer en todos los lugares y momentos históricos porque los efectos adversos del poder suelen ser formas patológicas del mismo; y esta forma patológica es por lo demás muy sencilla de alcanzar.  

Sin embargo, en las distintas caracterizaciones de la resistencia es importante mostrar que no existen solo las resistencias inmediatas, pues al igual que el poder, la resistencia es dinámica. Por ello Foucault menciona otras tres formas de resistencia al poder que tienen un sentido más filosófico y, por tanto, son resistencias más amplias en el tiempo y en el espacio. La primera de estas resistencias que menciona el autor, tienen la característica de cuestionar el estatus del individuo. Sin embargo, resalta Foucault, estas luchas no se oponen al individuo sino más bien a la dinámica individualizadora de los sistemas de poder modernos encarnados mayoritariamente en el Estado. Por ello el autor puntualiza en que estas luchas están “en contra de el gobierno de la individualización” (Foucault, 1988)Esto en el marco del poder que divide las identidades colectivas de los pueblos creando una individualización que permite homogeneizar en el sistema de manera más efectiva al sujeto. 

La individualización apunta directamente a crear individuos que son en cierto sentido “iguales” los unos con los otros. En ese sentido Foucault arguye que este tipo de resistencias menos directas cuestionan directamente el estatuto del sujeto moderno planteando la pregunta por quienes somos nosotros. Esta pregunta de corte existencialista y ontológico se dirige hacia la caracterización científica que ha hecho el poder a cerca del sujeto atribuyéndole una identidad inmanente, una identidad de la cual es el titular. En palabras del autor este tipo de resistencia “Son un rechazo a las abstracciones de la violencia económica e ideológica, que ignoran quienes somos individualmente como también son un rechazo a la inquisición científica y administrativa que determina quien es uno” (Foucault, 1988)este régimen o “violencia” del saber es una característica peculiar del poder occidental moderno, o más bien de la forma técnico-científica que adquirió el poder para dominar al individuo, pero también para hacer del sujeto un ente productor y al mismo sistema algo positivo en el sentido de productor de sentido, de identidades y de individualidades. Pero, al tiempo y es algo de resaltar, el poder individualizador hace más homogéneo al humano. Aunque haya un sentido de contradicción en las palabras de Foucault, al afirmar que el régimen de saber occidental ignora al individuo pero al mismo tiempo individualiza al sujeto, en realidad las palabras del autor se centran en la forma en que el poder individualiza para homogeneizar, y divide al sujeto para dominarlo.
En ese sentido, el poder occidental utiliza el saber científico y técnico para producir y dominar, es por ello que la tercera forma de resistencia en este apartado es la lucha contra los privilegios del conocimiento. Y es que estos privilegios están centrados en dividir al sujeto y en convertirlo en el foco del conocimiento científico social. Estos privilegios a los que se refiere el autor no son ampliamente explicados; por ello en un animo de especulación considero que se refieren a la forma en que el poder adapta ciertas formas de conocimiento a la dominación del sujeto. De todas maneras, ningún tipo de saber es producido sin una intencionalidad, ya que no existe algo así como “el saber por el saber” sino que más bien el poder usa el saber, sobre todo, desde lo humano hasta la naturaleza (ya que es un poder con forma “técnica”) para dominar y reproducirse a sí mismo.

En conclusión, podríamos afirmar que Foucault hace una distinción clara entre dos formas de resistencia: por un lado, la resistencia directa y entendida como una reacción frente a formas coercitivas del poder; y por el otro, la resistencia que cuestiona de una forma filosófica y ontológica al poder como una forma de dominación y producción de sentido. La primera forma, más frontal y física se refiere a las formas patológicas del poder y en ella podemos encontrar las luchas armadas y las resistencias históricas, y la otra forma es más bien un cuestionamiento a la forma en que el poder se ha estructurado como una red de relaciones productivas y positivas que sin embargo ejercer un control sobre el humano convertido en sujeto en ambos sentidos (sujeto como individuo y sujeto como algo “sujetado”).

Foucault. Michel. (1988). El sujeto y el poder. Revista Mexicana de sociología No. 50. Vol. (3), pp. 3-20.

 



[1] Candidato a Magister. Maestría en Desarrollo educativo y Social CINDE. Línea de socialización política. Filósofo. 2019