domingo, 12 de diciembre de 2021

Avances de Investigación 14

 

Lectura Crítica, Sujeto y Discurso Pedagógico

 

Alfredo Navia Garrido[1]

La aprehensión y dominio de los códigos en la lectura es inevitablemente necesaria para poder llevar a cabo cualquier tipo de lectura, esto es, desde una lectura rápida hasta una lectura concienzuda y crítica. Sin embargo, si se concibe un sujeto crítico, capaz de leer comprensiva, analítica y críticamente los textos, tanto escritos como orales, el estudio de la producción del discurso científico, literario y cotidiano, bajo una perspectiva teórica distinta y ulterior a la de los códigos, se hace también inevitablemente necesaria.

En el presente texto, por lectura crítica se entiende la lectura que hace un sujeto crítico, capaz de tomar una postura responsable y coherente con los juicios que hace de los textos y discursos que lee. Además, interpreta el propósito o intenciones que movieron al locutor del discurso o texto leído para enunciar lo que se encuentre en dicho texto.

Para poder llegar a ese nivel crítico de lectura se propone una pedagogía que acompañe y provoque la realización de una lectura comprensiva, que permita entender la superficialidad del texto; y luego, una lectura analítica, que permita hallar los textos (hipotextos, hipertextos, intertextos) y la polifonía del texto en cuestión (Bajtín, 1989) (Ramírez, 2016) (Ramírez, 2007). Para ello, las fuentes primarias las hayamos en los trabajos de Ramírez ( 2007), con la propuesta teórica de la producción del discurso dentro de los actos comunicativos; en Bajtín (1989), con su propuesta de la polifonía; en Habermas con su concepción de las tres esferas de la vida (la objetiva, la subjetiva y la intersubjetiva) (1999), en Searle ( 2015) con los actos de habla; en Freire con su concepción del diálogo y de educación bancaria (1993), (2007); en Giroux con su concepción de la pedagogía de los límites (2003); y en Foucault, con su legado teórico de la genealogía y la parresía (, 2014, 2017, 2018),

La polifonía es el conjunto de textos implícitos o voces que se haya en todo texto o discurso (Bajtín, 1989) y está constituida por hipotextos, hipertextos, intertextos (Ramírez, 2007, 2017), Por otro lado, Habermas (1999 pp.281-425) define la vida de todo sujeto dentro de tres esferas: la subjetiva, la intersubjetiva y la objetiva. En estas tres esferas de la vida se halla toda la producción, el desarrollo y mundo de la sociedad y la cultura, con sus pretensiones y discursos, como se ve en el siguiente gráfico:

Esferas

Mundos

Pretensión

Discurso

Objetiva

Cultural

Verdad

Ciencia – Filosofía – Tecnología

Subjetiva

Individual

Veracidad

Literatura

Intersubjetividad

Social

Legitimidad

Cotidiano: Conversaciones y Diálogos

Resumen de la acción comunicativa de Habermas (1999) y las tres esferas de la vida

Habermas define la cultura, esfera objetiva, como: “acervo de saber del cual se proveen de interpretaciones los participantes de la comunicación al entenderse entre sí sobre algo en el mundo” (1999, p.99). Este es el saber, representación del mundo, que ha sido el objeto de estudio de las teorías del lenguaje. También, reconoce la sociedad como los “órdenes considerados legítimos a través de los cuales los participantes en la comunicación regulan su pertenencia a grupos sociales y aseguran su solidaridad” (1999, p.99). Además, la precisión de la esfera subjetiva la considera como la “estructura de la personalidad a todos los motivos y competencias que capacitan a un sujeto para hablar y para asegurar en ello su propia identidad” (1990, p, 99). En cuanto a la esfera de la intersubjetividad, Habermas la define como “el entrelazamiento entre las estructuras de la personalidad con la cultura y la sociedad” (1990, p.105), como se muestra en el siguiente gráfico:

 


Del gráfico anterior puede entenderse cómo desde la interacción se constituye la esfera de la cultura, la persona y la sociedad. Desde ese punto de partida del yo y la alteridad se recibe la influencia de la sociedad con la presión social y aportes de lealtades, pero a su vez, esta relación ego-alter, contribuye al mantenimiento y la generación de la solidaridad social, tal como el mismo autor lo señala “Toda integración social de plexos de acción es al tiempo un proceso de socialización para los sujetos capaces de lenguaje y acción que en él se forman” (Habermas, p.105, 1999).

En el presente trabajo se concibe al sujeto crítico, como aquel formado bajo su perspectiva subjetiva, desde la pragmática que, como sujeto que hace parte de una cultura, de una clase determinada y del mundo globalizado, sabe leer, como dice Freire (2019), el mundo, a sí mismo y a los demás, como un acto político. La emancipación, entendida sumariamente como la posibilidad de no llegar a ser opresor. También en términos de Freire, este sujeto sólo se desarrolla y se mantiene en un diálogo pedagógico, en donde no únicamente alumnos y maestros identifiquen las relaciones en las que se hallan con la cultura, el orden social en que actúan y con sus propias subjetividades, con respecto a los interlocutores, sino además en donde se halla un sujeto que, siendo provocado por el acompañamiento pedagógico del profesor, es agente de su propia vida y responsable de sus propios actos.

La identificación de marcadores del discurso, que permiten ver las formas en las que un texto o discurso es producido, permite precisamente llegar a la provocación propia de la pedagogía propuesta en este texto. Lo anterior conlleva a realizar los tres niveles de lectura propuestos, a saber, el comprensivo, el analítico y el crítico. Esos marcadores se hallan en los discursos como formas de focalización y de modalización (Ramírez, pp.143, 174-176, 2007), éstas se explicarán luego con sus formas de enunciación en el lenguaje.

La importancia de los marcadores es alta pues con ellos se entenderá que el discurso en el lenguaje hace parte de la subjetividad del locutor y se halla presente en todo discurso, es decir, en todo productor de sus discursos, producción que parte de la cultura y de la alfabetización del sujeto o, en otras palabras, de su propia voz. Se entiende la voz como las experiencias personales junto con la organización mínima de contenidos que, a su vez, son producto de recontextualizaciones de voces ya existentes, es decir, producto de la polifonía, que se hallan en el saber o conocimientos del locutor y que lo llevan a crear determinados actos comunicativos.

La argumentación, la narración y la descripción se hallan en el texto como formas del discurso, sea, tanto del discurso científico, como el literario y el científico (Ramírez, 2007). La sinecdoquización, la metaforización y la metonimización son los marcadores que se pueden hallar en el discurso dentro de unos marcadores más generales que los contienen, que son la modalización y la focalización. La modalización corresponde a la manera en que el locutor lleva a cabo su discurso o como crea su texto, en cuanto a la forma misma en que usa la lengua, es decir, lo gramatical (modos de los verbos, tipos de adjetivos que usa, etc.), lo sintáctico (orden y organización de la palabras en la oración) y lo morfológico (composición y derivación de las palabras) y, por lo tanto, corresponde a la forma más inmanente del texto o, en otras palabras, a la forma de la expresión (Ramírez, 2007), (Hjelmslev, 1971). La focalización es el punto de vista del locutor con contenidos de perspectivas ideológicas, pragmáticas, afectivas, cognitivas, etc. y corresponde a la sustancia del contenido (Hjelmslev, 1971) de todo texto, es decir, al discurso mismo. Como se ha dicho anteriormente, estos marcadores generales contienen otros marcadores más específicos que son la sinecdoquización, forma reductiva del discurso, que se produce por el uso de apócopes (acortamientos o supresiones de las palabras) y de imágenes, absolutamente frecuentes en el discurso cotidiano; la metaforización, forma de articulación que hace el locutor en un discurso entre su mundo y el de su interlocutor, que también suele ser rico en el uso de imágenes, que ayudan a crear una comparación entre el mundo referido y el mundo propuesto en el discurso y que suele dejar intersticios para la interpretación y el sentido. Este marcador se halla con frecuencia en el discurso cotidiano y en el literario. La metonimización, por su parte, consiste en el uso del lenguaje que consiste en el uso de relaciones lógicas de la parte al todo o de causa efecto, y se halla con frecuencia en el discurso científico o académico. Estos marcadores específicos son distintos a los tropos que responden a los nombres de metáfora, sinécdoque y metonimia, que son, en términos generales, formas retóricas concisas que se usan en el discurso y que se hallan en la forma del contenido del lenguaje (Hjelmslev, 1971), (Ramírez, 2007).

En las relaciones del yo-tú-ello (Ramírez, 2007) y desde las teorías de la enunciación de Benveniste (1997,1999) y de los actos de habla de Searle, se explicará la producción del discurso en las tres esferas de la vida, para articularlo teóricamente con las formas discursivas de la narración, la argumentación y la descripción en la pedagogía.

En términos de la teoría semiótica de los códigos de Eco (1976), la alteración del código, es decir, en la forma (alfabética) de la expresión del lenguaje, existen tres formas de códigos, a saber, el retorico, el estético y el ideológico, y dentro de ellos se configura el discurso pedagógico. Sin embargo, se busca, en el presente trabajo de grado, identificar la forma propia de la constitución del discurso pedagógico y, a la vez, proponer una pedagogía dialogante, que eduque al sujeto en su lectura crítica. Tal propuesta se basa en la conexión entre parresía y en la noción de discurso de Foucault (2014, 2017, 2018), y las propuestas pedagógicas de Freire (1993, 2007, 2019) y Giroux (2003).

Referencias

Bajtín, M. (1989). Teoría y estética de la novela. Taurus.

Benveniste, É. (1997). Problemas de lingüística general I. Siglo XXI.

Benveniste, É. (1999). Problemas de lingüística general II. Siglo XXI.

Freire, P. (1993). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI.

Freire, P. (2007). La educación como práctica de la libertada. Siglo XXI.

Freire, P. (2019). La importancia de leer y el proceso de liberación. Siglo XXI.

Foucault, M. (2014). El orden del discurso. Fábula Tusquets.

Foucault, M. (2017). Discurso y verdad. Conferencias sobre el coraje de decirlo todo. Siglo XXI.

Foucault, M. (2018). La hermenéutica del sujeto. Fondo de cultura económico.

Giroux, H. (2003). Pedagogía y política de la esperanza. Amorrortu.

Habermas, J. (1999). Teoría de la acción comunicativa II. Crítica de la razón funcionalista. Taurus.

Hjelmslev, L. (1971). Prolegómenos a una teoría del lenguaje. Gredos.

Ramírez, L. A. (2007). Comunicación y discurso. La perspectiva polifónica en los discursos literario, cotidiano y científico. Magisterio.

Ramírez, L. A. (2016). Intertextos de la globalización en el discurso de la educación colombiana de Juan Manuel Santos. En Discurso y política en Colombia: problemáticas actuales, pp.13-38. La carreta política.

Searle, J. (2015). Actos de habla. Cátedra.



[1] Estudiante de la Maestría en Educación. Texto presentado en la semana de avances de investigación 2021 – II.

sábado, 11 de diciembre de 2021

Condiciones de publicación 13

                                                                Condiciones de publicación


1. Sección de avances de investigación. 
Avances referidos a aspectos teóricos, metodológicos, autor de interés, tema de interés. (No se reciben artículos de investigaciones concluidas por cuanto no tiene el lugar de una revista indexada que si los requiere en su dimensión). 
Aspectos formales: Autor único, condiciones del ensayo: desarrollo de la tesis y bibliografía. 4 cuartillas. Times new roman 12. Espacio sencillo.

2. Sección de ensayo, artículos de reflexión (producto de seminarios temáticos). 
El escrito enviado debe referir el seminario en el marco en el cual se produce. 
Aspectos formales: Autor único, condiciones del ensayo: desarrollo de la tesis y bibliografía. 4 cuartillas. 4 cuartillas. Times new roman 12. Espacio sencillo.

3. Sección de reseñas de libros leídos en la Maestría. Aspectos formales: Escrito-Reseña que dé cuenta de alguna de las lecturas realizadas en el marco de la Maestría. 
Aspectos formales: Autor único y bibliografía. 2 cuartillas. Times new roman 12. Espacio sencillo.

4. Sección de memorias de eventos en los que se haya participado (poster, taller, resumen de ponencia, panel). 
Aspectos formales: Resumen. 2 cuartillas. Times New Roman 12. Espacio sencillo. Se debe incluir datos del evento en mención. Y su formato será en WORD.

El correo institucional en donde se recibirán las contribuciones para el blog es el siguiente: 

cuadernoseesmae@pedagogica.edu.co

Ensayos y artículos de reflexión 13

                                                         Ensayos y artículos de reflexión

Avances de investigación 13

 

Avances de investigación

La idea de “niño salvaje” y la educación

Yenni Marcela Patarroyo[1]

 

El trabajo de grado se centra en estudiar un “niño salvaje” que fue encontrado en el bosque de la Caune en Francia, en el año 1799, al cual llamaron Víctor. Fue clasificado por las personas de la época como “niño salvaje” por no tener las características y rasgos similares a sus semejantes.

 

Jean Itard, pedagogo dedicado a la enseñanza y rehabilitación de sordos, acogió al niño e intentó realizar un proceso educativo con él (ya veremos el sentido de tal pretensión y los logros alcanzados). En esa dirección, hace un informe detallado de cómo se encontraba el niño, física y mentalmente, de cómo lo veían dentro del entorno donde se desenvolvió después de haberlo encontrado, y de su desarrollo frente a las acciones implementadas con él, para desplegar sus habilidades cognitivas (Cf. Itard, 1801). Este informe fue publicado en 1801 con el título “Memoria e informe sobre Víctor del L’Aveyron”. Para comprender el caso de Víctor utilizamos los conceptos emitidos por Immanuel Kant en su libro Pedagogía, publicado en 1803, es decir, dos años después del informe la memoria de Itard.

 

Para entender primero el asunto que nos compete en este trabajo es necesario comprender que “El hombre es la única criatura que ha de ser educada” (Kant, 1803, p. 29). Es decir, que hay una diferencia con otras especies, considerando que el ser humano es un espécimen de homo sapiens sapiens y tiene la capacidad de ser educado; no basta, se necesita que se implementen unas condiciones realizadas por los hombres educados.

 

Kant especifica más el asunto, partiendo de la diferenciación entre los animales y los hombres; “pero el hombre necesita una razón propia; no tiene ningún instinto, y ha de construirse él mismo el plan de su conducta” (Kant, 1803, p. 30). A diferencia de los animales que, por su instinto, tienen ya un “plan de conducta”, el cual, hemos de inferir y parece limitarse a las siguientes tres acciones: buscar su alimento, protegerse de los depredadores y reproducir la especie. Entonces, a diferencia de los animales, el hombre necesita construirse una “razón” y lo realiza a través del otro: “pero como no está en disposición de hacérselo inmediatamente, sino que viene inculto al mundo, se lo tienen que construir los demás”.

 

Por eso, menciona Kant “únicamente por la educación el hombre puede llegar a ser hombre. No es, sino lo que la educación le hace ser. Se ha observado que el hombre no es educado más que por hombres, que igualmente están educados” (Kant, 1803, págs. 31-32).

Ahora bien, para que este hombre educado, pueda construirle una “razón” al otro, que esta inculto y pueda llegar a “ser hombre”, se le implementan unas condiciones.  Kant concibe la educación como los “(…) cuidados (sustento, manutención), la disciplina y la instrucción (…)”  (1803, p. 30), que nosotros las establecemos y son las condiciones para ser tocados por la cultura o educación.

 

La primera condición es el cuidado, el autor lo reflexiona de la siguiente manera: son las “(…) precauciones de los padres para que los niños no hagan un uso perjudicial de sus fuerzas” (Kant, 1803, p. 29). Debido a que los niños no son conscientes de los riesgos y daños que se puedan causar. Mientras “(…) los animales sientes sus fuerzas, las emplean regularmente, de modo que no les sean perjudiciales (Kant, 1803, p. 29)”.  Es decir, los animales utilizan sus fuerzas en su propio favor, los niños pueden hacerse daño, asunto que no puede ser instintivo, natural. Hay algo ya en la cría de humano que necesita un cuidado especial.

 

En el estudio de Itard, se propone, en su tratamiento educativo, colocar al servicio del niño, una institutriz para que el niño no se hiciera daño, pero Víctor había sobrevivido en el bosque. De ello se infiere que, más bien, ha obrado en la otra lógica: “Si un animal, por ejemplo, gritara al nacer, como hacen los niños, sería infaliblemente presa de los lobos y otros animales salvajes, atraídos por sus gritos” (Kant, 1803, p. 29). O sea, que Víctor no usa sus fuerzas contra sí mismo y más bien tiende a que sus actos lo protejan. Bajo esta condición de ‘cuidado humano’, ejercido por la institutriz con la paciencia de una buena madre, Víctor puede contener su agresividad hacia los semejantes, pues de ella obtiene beneficios: protección y alimento… ¡justamente dos de los imperativos propios de los instintos!

 

Por otro lado, Víctor presenta unas condiciones en relación con una “existencia silvestre” a diferencia de una “vida entre hombres” en condiciones bajo los efectos de socialización, este niño había vivido  casi toda su vida en el bosque, eso lo sabemos porque no tenía   habla, a diferencia de otros hallazgos; por ejemplo: Uno, lo presenta el tutor en el informe. Se trataba de una muchacha que se había perdido en un bosque, pero tenía el habla, lo que le permitió después contar su experiencia en el bosque; además, tuvo un proceso de socialización porque estaba con una compañera que murió, pero nunca estuvo totalmente en aislamiento. Los otros dos, los encontramos en la Didáctica magna de Comenio: el primero fue un niño robado por animales fieros debido al descuido de sus padres, a la edad de tres años; por ende, tenía el habla, tuvo contacto con humanos, el segundo niño, tenía siete años había tenido socialización y podía hablar.

 

Se concluyó que los casos mencionados (los que traen Itard y Comenio), no coinciden con Víctor, ya que estos niños habían tenido, en algún momento de sus vidas, contacto con los seres humanos y, sobre todo, habían podido desarrollar el lenguaje; tanto así que, al poder socializar nuevamente con los hombres, pudieron recordar cómo habían llegado a esa situación de aislamiento humano y cómo habían podido sobrevivir. Se supone que Víctor tuvo contacto con humanos, claro está, pues es hijo de una pareja de seres humanos, pero no al punto de haber adquirido el lenguaje. Habría sido abandonado antes de alcanzar a hablar, algo casi inadmisible, pero por los resultados, hemos de inferirlo (de todas maneras, estamos trabajando sobre una hipótesis). En apariencia, son casos similares (“niños salvajes” hallados), pero en el fondo son muy distintos (hablar/no-hablar).

 

La segunda condición es la disciplina y es implementada debido que “(…) el hombre tiene por naturaleza tan grande inclinación a la libertad, que cuando se ha acostumbrado durante mucho tiempo a ella, se lo sacrifica todo.” (Kant, 1803, p. 30). Los seres humanos buscan satisfacer sus caprichos (pulsiones), pero cuando no se les pone límites, pueden causarse daño o hacérselo a otros, por ello, observamos humanos que se suicidan por no suprimir su pulsión o sujetos matando a otros, para robarles sus bienes y satisfacer su pulsión; sin medir las consecuencias de sus actos.  Es necesario que estos actos de coaccionar esas pulsiones se realicen en las primeras edades. Así lo ejemplifico Kant:

 

“(…) se envían al principio los niños a la escuela, no ya con la intención de que aprendan algo, sino con la de habituarles a permanecer y a observar puntualmente lo que se les ordena, para que más adelante no se dejen dominar por sus caprichos momentáneos” (Kant, 1803, p. 30).

 

El acto de la disciplina en la educación es considerado como una acción “(…) meramente negativa, esto es, la acción por la que se borra al hombre la animalidad (…)” (Kant,  1803, p. 30). Esta disciplina es negativa dentro de la educación porque les reduce la pulsión a los humanos.

 

La tercera condición es la instrucción es necesario aclarar que, en gran medida el humano obtiene la anterior condición, de lo contrario, no se podría pretender educar en relación con la instrucción; porque no se pueden generar condiciones de cambio de modalidad de la satisfacción. Es decir, esa pulsión es suplida en el ámbito académico, la pulsión es el deseo de comprender un asunto que nos moviliza, nos inquieta y nos satisface.

 

Ahora bien, cómo comprende Kant la instrucción en el humano cultivado “(…) la cultura comprende la instrucción y la enseñanza (…)”. De lo que se extrae, que si no se desarrolla el lenguaje tampoco se puede llegar a instruir; es lo que permite comprender la cultura, dicho de otra manera, el mundo creado por el humano. 

 

Cuando tiene ese contacto con la cultura puede tener:

 (…)  la habilidad, que es la posesión de una facultad por la cual se alcanzan todos los fines propuestos. Por tanto, no determina ningún fin, sino que deja a merced de las circunstancias” (Kant, 1803, p. 38).  Permite que los humanos desarrollen algunas habilidades cognitivas, por ello “(…)

 

Es la parte positiva de la educación” (Kant, 1803, p. 30) porque permite el incremento de la pulsión. Cuando se refiere a “una facultad por la cual se alcanzan todos los fines propuestos” depende como sea la pulsión de los humanos.

 

¿Qué posibilidad tendría Víctor para que pudiera acceder a esas condiciones de la disciplina y la instrucción?

 

Para dar esa respuesta, tendremos en cuenta las dos descripciones que le hicieron al niño y como la hemos ido analizando: “Echado al mundo sin fuerzas físicas y sin ideas innatas, impedido para obedecer por sí mismo a las propias leyes constitutivas de su organización (...) (Itard, 1801, p. 7). Con ello, se pensaría que Víctor puede acceder a la cultura por que “todos los seres humanos nacemos incultos”. Pero no es así, porque e niño presenta unas condiciones diferentes a los humanos tocados por la cultura. Víctor está en el intermedio de creatura porque refleja unas condiciones de animalidad, si hemos de considerar que un ser humano puede ser un espécimen de homo sapiens, que atiende a los objetos de sus necesidades, pero instintivas. Más no, a las necesidades de humano tocado por la cultura.

 

La primera descripción realizada es por el médico Philippe Pine, el cual se destacaba por tener un talento en la observación y una experticia en las enfermedades mentales, según Itard (1801, p.13) señalaba que los ojos, sin fijeza ni expresión, sin cesar divagan de un objeto a otro, sin detenerse jamás en uno de ellos, hallándose tan poco ejercitados, tan poco coordinados con el tacto, que en modo alguno sabían distinguir entre un objeto de bulto o una simple pintura; el oído tan insensible a los ruidos más fuertes como a la más emotiva de las melodías; el órgano de la voz, en el estado de mudez más absoluto, no emitía sino un sonido uniforme y gutural; el del olfato parecía igualmente indiferente a la exhalación de los perfumes como al hedor de las basuras de que estaba impregnado su cubil; el tacto, en fin, se limitaba a la función, mecánica y no perceptiva, de la pura prensión de los objetos (…) (Itard, 1801, pp. 13-14).

 

Esta descripción del médico presupone unos órganos de los sentidos “naturales”, pero los objetos a los que aplicarían son, en un caso “naturales” y, en otro, culturales: un objeto de bulto vs. Una “simple pintura”; ruidos fuertes vs. “la más emotiva de las melodías”; perfumes vs. “el hedor de las basuras”. Pero Pinel en realidad no está haciendo una escala: los humanos hacen esas diferencias porque están en sociedad. ¡Igualmente, para los animales son indiferentes esos objetos culturales de la comparación! Víctor no dispone de la interpretación necesaria para hacer esa discriminación: la pintura es un objeto al que hay que habitar con muestro conocimiento del arte pictórico, que es exclusivamente de seres hablantes que viven en sociedad, por lo demás, es una tela manchada; las melodías son solamente un ruido si no les aplicamos nuestra percepción social del arte musical; el perfume es un hedor más (de hecho, despista a los animales de buen olfato) si no lo aprecia un ser humano que vive en una sociedad que clasifica los olores de cierta manera.

 

El médico no estaba apreciando el funcionamiento de los sentidos de Víctor; sino que, toma a un humano que vive en sociedad (creyendo que es un humano estándar) y lo compara con un humano que no ha vivido en sociedad, que no ha transformado sus sentidos con arreglo a las clasificaciones lingüísticas. Dice Marx (1844, p.150):

(…) todos estos sentidos y cualidades se han hecho humanos, tanto en sentido objetivo como subjetivo. El ojo se ha hecho un ojo humano, así como su objeto se ha hecho un objeto social, humano, creado por el hombre para el hombre. Los sentidos se han hecho así inmediatamente teóricos en su práctica. Se relacionan con la cosa por amor de la cosa, pero la cosa misma es una relación humana objetiva para sí y para el hombre y viceversa. Necesidad y goce han perdido con ello su naturaleza egoísta y la naturaleza ha perdido su pura utilidad, al convertirse la utilidad en utilidad humana.

 

Cuando Marx dice “El ojo ha devenido ojo humano”, se entiende que “el ojo” es natural, mientras que el “ojo-humano” es social. Así mismo, habla de “objeto” y de “objeto social”. Estas diferencias no las tuvo en cuenta el diagnóstico de Pinel. Los órganos de los sentidos de Víctor no estaban inhibidos, como dice el médico; operaban normalmente, pero no con la “normalidad” de seres humanos que se han asociado, que hablan, que tienen instrumentos, que crean arte: “ha perdido su pura utilidad, al convertirse la utilidad en utilidad humana”, agrega Marx en la cita. Los sentidos “estimulados” que faltaban eran los sociales, no los fisiológicos. Una mirada con fijeza, que no divaga de un objeto a otro, es una mirada educada, sometida a la disciplina; una mirada “con expresión” es la de alguien que vive en sociedad. Los animales miran el mundo para ajustarlo, con ayuda de los resultados de la aplicación del resto de los órganos de los sentidos, a los objetos sobre los cuales se aplica la posibilidad de satisfacer la necesidad de alimentarse, de reproducirse, de proteger o de protegerse.

 

“(…) mostró a su paciente incapaz de atención, salvo en lo que atañía a los objetos de sus necesidades”, es obvio, si hemos de considerar que un ser humano puede ser un espécimen de homo sapiens, que atiende a los objetos de sus necesidades; pero que también puede ser un sujeto, para el cual las necesidades han quedado subordinadas al lenguaje, a la vida social, con los cuales ahora puede hacer demandas al otro para satisfacer algo que va más allá de las necesidades.

 

(...) cuál sería el grado de inteligencia y cuál la naturaleza de las ideas de una adolescente que, excluido desde su infancia de toda educación, hubiese vivido totalmente aislado respecto de los otros individuos de su especie; o yo no sé lo que me digo, o la única solución de este problema es la de no conceder a este individuo más que una inteligencia circunscrita al reducido acervo de sus necesidades y despojado de todas las ideas simples y complejas que recibimos por la educación y que sólo por obra y gracia del lenguaje podemos combinar de mil maneras en nuestro entendimiento (Itard, 1801, p. 15).

 

Itard comprende que el niño es diferente a otros niños, debido a que no había sido tocado por la cultura, la educación y el lenguaje (según lo que hemos dicho, estas tres expresiones son concomitantes). En consecuencia, ¿qué grado de inteligencia puede tener Víctor? Pues la que obedece a las demandas que le hizo su realidad, o sea que su capacidad respondía a sus necesidades naturales. De esta idea de Itard, podemos deducir que la vida cultural multiplica las necesidades o, si se quiere, introduce un sentido que crea nuevas necesidades. En el caso de los hombres en sociedad, las capacidades también dependen en gran medida de las exigencias, pero ya no naturales, que tienen el límite ya indicado aquí, sino de las exigencias culturales, sociales. Como Víctor no ha sido exigido por desafíos sociales, no puede haber respondido en consecuencia, es decir —en palabras de Itard— por “todas las ideas simples y complejas que recibimos por la educación”; y agrega algo fundamental que hemos estado interpelando como necesario: el lenguaje. No está en Kant explícitamente, pero lo hemos considerado como el eslabón entre el animal y el hombre: el animal tiene instintos: “Un animal lo es ya todo por su instinto; una razón extraña le ha provisto de todo” (Kant, 1803, págs.29-30); mientras que el hombre no: “(…) el hombre necesita una razón propia; no tiene ningún instinto (…)” (Kant, 1803, p.30). Pues bien, según la cita anterior de Itard, sólo por obra y gracia del lenguaje el hombre puede combinar las ideas de mil maneras en el entendimiento. Y si las ideas —simples o complejas— van más allá de las exigencias naturales, Víctor no podía haberlas desarrollado.

 

Es decir, el lenguaje es enseñado por los semejantes (no es instintivo, no es natural), reproducido y reconstruido a través de la cultura; así sólo el lenguaje permite comprender la realidad construida por el hombre. Entonces, Víctor estaría virgen para el mundo establecido por los humanos, aunque sean de la misma especie y potencialmente hubiera tenido las mismas habilidades.

 

La otra descripción, realizada por Itard, cuando se refiere a los siguientes comportamientos por no tener un contacto social:

•          …aborrecía las casas,

•          …no producía ningún sonido con su voz,

•          …no le gustaba la ropa,

•          …al colocarle los zapatos el caminado era un trote y galopeaba,

•          …detestaba los muebles, tanto así que no le gustaba dormir en la cama,

•          …no le gustaba los alimentos preparados,

•          …no le gustaba el contacto con los seres humanos,

•          …tenía una pasión por los campos,

•          …le gustaba olfatear todo lo que se le presentaba,

•          …al momento de comer, su masticada es rápida y con mordisqueo que podía semejarse a los roedores,

•          …le gustaba mucho los vegetales, patatas y castañas. Llegó a comerse un ave desplumándola, desgarrando sus carnes con las uñas, olfateaba y rechazaba algunas partes (Cf. Itard, 1801, págs.15-16).

 

Estos detalles muestran la condición animal del niño. De un lado, su relación puramente instintiva con las cosas: la pasión por el campo, que es donde se despliega su naturaleza; el hecho de olfatear todo, acción que le informa sobre las cualidades de las cosas, de acuerdo con su instinto; el gusto por los alimentos naturales (vegetales, patatas, castañas), que es lo que instintivamente puede percibir; y, en consecuencia, el rechazo a los alimentos preparados (cuyas propiedades no puede establecer tan claramente); haber desgarrado un ave para comérsela; su masticación “de roedor”; el trote. Y, de otro lado, el rechazo a lo no natural, o sea, a las cosas de la cultura: a las casas, a la ropa, a los muebles (a la cama, por ejemplo), pues son asuntos que Víctor “no comprende”, dado que ya soluciona sus necesidades a su manera, instintiva y rechazaba a los seres humanos, pues van hacia él en una actitud amenazadora porque, cuando lo atraparon, lo cazaron, lo amarraron, lo encerraron.

 

Ahora bien, esas condiciones naturales no son fáciles ni dejan indemne el cuerpo: el niño presentaba 23 cicatrices distribuidas así: 4 sobre el rostro, 6 en el brazo izquierdo, 3 cerca al hombro derecho, 4 cerca del pubis, 1 en la nalga izquierda, 3 en una pierna y en la otra, 2. Además, Itard menciona que tenía mordiscos de animales que le habían dejado cicatrices, profundas y superficiales (Cf. Itard, 1801, p.16).

 

Esto evidencia que su aislamiento revela claramente la falta de acompañamiento de sus semejantes; por eso, el repudio y la extrañeza que el niño tenía hacia el mundo de los humanos era normal, pues él había vivido bajo las condiciones de un animal. Por supuesto, a la sociedad de entonces le parecieron “anormales” sus comportamientos y actitudes, pues su mirada estaba bajo la condición de la disciplina y la instrucción, o sea, de la cultura.

 

Frente a las cicatrices detectadas, éstas expresan la huella del tiempo: la estancia en el bosque de la Caune no había sido corta. Así fueran superficiales, las cicatrices dan cuenta de mucho tiempo a la intemperie; y las profundas con mayor razón.

 

Con las descripciones realizadas por el Médico Pinel y las de Itard, se puede afirmar que el niño no tiene la posibilidad de acceder a las condiciones de la disciplina y la instrucción. Debido a que está en relación con la animalidad y no bajo un niño social, a partir de los efectos de la socialización. Aunque el tutor le introduce un tratamiento conformado de cinco puntos, donde el primero estaba en relación con el cuidado que mencionó Kant, al que no podía acceder, como se argumentó en su momento, (sobrevivió en el bosque); el segundo, pretendía “sensibilizar sus sentidos”, sus órganos están bien, como lo señalara la cita “El ojo ha devenido ojo humano”: se entiende que “el ojo” es natural, mientras que el “ojo-humano” es social” (Marx 1844, p.150)”; Itard no lo toma de esa manera, porque juzga que les falta sensibilidad a los sentidos y hace unos procesos de estimulación, pero en lo biológico y no en lo social.

 

Y el tercer, cuarto y quinto está por realizarse el análisis… 

 

Bibliografía

Itard, J. (1801). Memoria e informe sobre Victor de I´Aveyron. Madrid: Alianza.

Kant, I. (1803). Pedagogía. España: Akal S.A.

Marx, Karl. (1844). Manuscritos económicos y filosóficos de 1844.  En https://pensaryhacer.files.wordpress.com/2008/06/manuscritos-filosoficos-y-economicos-1844karl-marx.pdf



[1] Estudiante de la Maestría en Educación. Presentación de su avance de investigación. Septiembre 2021.

Reseñas 13

 

Reseña

“Primera Carta” de Paulo Freire

Silvia Rocío Guerrero Suárez[1]

 

La presente reseña da cuenta de la “Primera carta” del libro Cartas a quien pretende enseñar del pedagogo brasileño, Paulo Freire (1993). El texto es un acercamiento crítico, lúcido y anecdótico; en el cual, el autor teje una trama de relaciones fundamentales: entre el enseñar y el aprender, el estudio y la lectura, la relación entre la lectura del mundo y la lectura de la palabra; y la lectura y la escritura. No obstante, como lo advierte el título del libro, estas reflexiones están dirigidas precisamente hacia los maestros o hacia quienes pretenden hacer de la enseñanza su oficio; por tanto, es, a partir del maestro, como sujeto receptor, que se construyen y explican las relaciones mencionadas.

 

En primer lugar, Freire destaca la importancia de reflexionar sobre el significado de enseñar y en este sentido, necesariamente, también de lo que significa aprender, porque, para él, enseñar y aprender son dos actos indisolubles. Esta es la primera idea que transmite en su primera carta, idea que está sustentada no solo porque, naturalmente, la existencia de quien enseña reclama la de un aprendiz; sino también, debido a que la enseñanza implica adicionalmente otros aprendizajes. Por ejemplo, desde la enseñanza, como experiencia práctica, se aprende y reaprende constantemente a enseñar. Además, para poder enseñar se requiere, previa y de manera continua, un aprendizaje.

 

Enseñar no nace de la nada, puesto que el maestro debe ser competente, no se aprende a enseñar sin el aprendizaje previo de lo que se quiere enseñar y de las competencias propias de la labor. Esto no implica rechazar el aprendizaje que atañe a la experiencia, sino que, per se, la labor del maestro requiere como mínimo de una capacitación previa. En este sentido, el autor afirma que el estudio, la capacitación permanente que los maestros se deben a sí mismos y a su labor, es una actividad donde la lectura es imprescindible, y aquí está su segunda relación “el acto de estudiar siempre implica el de leer” (Freire, 1993, p. 30). Cuando se intenta comprender al mundo, estudiarlo, se hace a través de la experiencia de lectura tanto de la palabra como del mundo.

 

Como la lectura es una actividad necesaria para la comprensión y el estudio que compete al maestro en su aprendizaje, también le compete en la enseñanza. El maestro que se ha formado críticamente como lector y aprendiz también formará en la lectura crítica del mundo y de la palabra. Aquí, la tercera relación que hace Freire: leer el mundo y leer la palabra, porque la comprensión requiere tanto del texto como del contexto, de lo concreto y de lo abstracto. 

 

Pero ¿a qué se refiere el autor con leer? Esta pregunta es válida siempre que se entienda que la palabra “leer” está llena de múltiples sentidos interpretativos. No obstante, el autor no la deja al azar o a la multiplicidad de caminos, y aclara que la lectura es un acto serio, exigente, difícil, creativo; pero, sobre todo, gratificante, que gira en torno a la comprensión. Leer es un desafío por el alcance cada vez mayor del entendimiento de la palabra y del mundo, porque la lectura se hace cada vez más profunda a medida que la comprensión y la palabra se pueden asociar con lo cotidiano.

 

En este sentido y continuando con las ideas de Freire, rechaza todo sentido simplista de la lectura y cualquier exceso de manierismos de la escritura que la lleve a la incomprensión.  Leer es un acto complejo que no debe ser excluido solo por su dificultad; además, puede ser instrumentalizado por una gran cantidad de elementos que permitan develar los sentidos cada vez más profundos de los textos. Por ejemplo, los diferentes diccionarios como herramientas facilitadoras, o la lectura comparativa como labor para la interpretación de las relaciones intertextuales de los escritos. Sin embargo, no se debe olvidar que cada texto tiene un nivel de dificultad equiparable a las capacidades y experiencias del lector, un nivel que puede ser mejorado, pues precisamente el acto mismo de leer es darse esa posibilidad cada vez mayor de conocer.

 

Finalmente, a la par que habla de la lectura, el autor establece otra relación indisoluble, otra urdimbre en este telar de ideas, esta es la escritura. Leer y escribir son procesos inseparables, primero porque cuando se está leyendo, se accede a un material que previamente ha pasado por la lógica y el acto de la escritura; segundo, porque el estudio, la preparación y la formación requieren de estos actos en conjunto. Desde niños, la lectura y la escritura parecen tomar caminos separados, no obstante, tanto la lectura como la escritura son necesidades cada vez mayores entre profesionales y maestros. Actividades que pueden enseñarse de manera cada vez más placentera, para que en el futuro sean actos naturales y no cargas de trabajo, actos propios de los estudiosos, de los lectores, de los aprendices, de los maestros.

 

En síntesis, como un buen tejedor de palabras y sentidos, Freire establece en su “Primera Carta” una base fundamental para maestros, a partir de la comprensión crítica de la enseñanza. Los hilos que tejen sus ideas ubican a la enseñanza en un vínculo con el aprendizaje: quien enseña aprende. Pero aprender es un acto disciplinado de estudio que no puede separarse de la lectura: aprender es en parte leer, leer el mundo y leer la palabra, leer el contexto y el texto. Por lo que, enseñar es también leer, leer la experiencia, leer el mundo, leer al aprendiz, leer los textos que nos acercan al mundo y al aprendiz. En este unir e hilar de comprensiones, la lectura, el estudio, la enseñanza y el aprendizaje, tampoco pueden separarse de la escritura. Leer y escribir para comprender el mundo, para estudiarlo, para enseñarlo, todo como alude Freire, ojalá siempre desde el placer y el goce, en la búsqueda de una mejor educación, de una mejor enseñanza.

 

Referencias

Freire, P. (1993). Cartas a quien pretende enseñar. Siglo XXI Editores: México. http://www.colegiodeprofesores.cl/wp-content/uploads/2017/06/Paulo-Freire.pdf



[1] Estudiante de la especialización en Pedagogía. Texto producto del seminario de problematización de la práctica trabajado con el profesor Bernardo Galindo.

Leer y escribir 13

 

CONSEJOS PARA HACER UNA INVESTIGACIÓN

Oscar Arbeláez[1]

De la lectura en el proceso Investigativo

 

Parecería un lugar común afirmar que el ejercicio disciplinado de la lectura es indispensable para escribir y argumentar con claridad y rigor conceptual en el ámbito académico e investigativo. Sin embargo, resultan pertinentes algunas reflexiones que son producto de la experiencia en nuestro ejercicio de la enseñanza sobre cómo construir una pregunta y un objeto de investigación.

 

Se inicia con una reflexión que parte de comprender el ejercicio de la lectura como un proceso de construcción de un hábito disciplinado, que contribuye a ordenar la reflexión: Y, ¿cómo se entiende ordenar la reflexión? Aprender a organizar ideas, a construir preguntas, a estructurar discursos coherentes, no sólo desde el punto de vista gramatical, sino epistemológico.  

 

Construir una pregunta no es un acto mecánico; por el contrario, es un cuidadoso proceso de observación, análisis y reflexión.  En este proceso está comprometida, tanto la lectura rigurosa como la escritura estructurada. Leer ayuda a explorar temas, problemas, situaciones y conceptos; escribir contribuye a estructurar discursos, a organizar ideas y a disciplinar el pensamiento.

 

Como se dijo anteriormente, y esto se considera muy importante, es un juego exploratorio a través del cual buscamos temas, problematizamos categorías, contextualizamos preguntas; identificamos tradiciones de pensamiento e investigación; adoptamos autores que nos guían en nuestras reflexiones (no olvidar que los autores son autoridades y como en todo campo, en el académico, la autoridad es muy importante).

 

Explorar lecturas es un punto definitivo en la investigación porque a través de ella se pueden encontrar los caminos que otros han recorrido y cómo estos nos han ayudado y nos ayudan a caminar por senderos inexplorados en el campo del saber. En efecto, hay autores canónicos que “abren trocha”, es decir, van sugiriendo la ruta del trabajo que vamos a emprender y que ningún aprendiz de investigación debería obviar.

 

El acto de la lectura, como se ha dicho, ayuda al estudiante a comprender ideas. Con base en ellas, se inspira, para formular una pregunta escribiéndola, con el fin de explorar quién más la ha formulado o ha planteado preguntas similares. Esto para cotejar sus percepciones, intuitivas o primarias, con los niveles de argumentación de los autores con los que se enfrenta. Desde allí, podría identificar, no sólo la lógica gramatical de la escritura de su pregunta, sino también, la pertinencia epistemológica.

 

En la lectura de textos que inspiran la investigación, un lector atento coteja las pretensiones de verdad de la autoridad frente a las propias pretensiones de verdad. En tal sentido, una ruta de lectura asociada con el ejercicio de escribir podría estar acompañada de un cuaderno de notas, de apuntes. En este registro se extraen ideas importantes, que posteriormente pueden ser temas de investigación, las cuales se pueden constituir en problemas y asuntos para explorar. Se identifican categorías de análisis (recordar que un discurso con pretensiones de cientificidad, no se construye sólo con intuiciones, sino con categorías, entendidas como representaciones de relaciones sociales y comunicativas). Dicho ejercicio es determinante en el proceso de investigación porque con esta identificación, se puede empezar a explorar no solamente desde la perspectiva histórica sino desde la perspectiva sociológica; el sentido de los conceptos   usados para resolver el problema. Además, es necesario que sean códigos comunes en la comunidad académica[2].

 

Como se podría discutir, la legitimidad y pertinencia de una categoría o concepto e inclusive de un problema, se construye en el escenario del diálogo, del debate y de la deliberación en las comunidades académicas.

 

Otro aspecto para la presente reflexión es la lectura en contexto. En efecto, hay que enfatizar que, independientemente de la naturaleza del texto, un buen lector ubica el origen histórico de ese texto, la época en que fue escrito, el tipo de sociedad en que vivió el autor; las corrientes epistemológicas en que se ubicó el autor y que lo inspiraron; los fenómenos o hechos que describe el autor; los debates que suscitó en su época y los que puede estar generando en la época actual; la disciplina o campo de la investigación al cual le aporta el texto y sus desarrollos contemporáneos.  Esto quiere decir que leer en contexto significa dotarse de un buen diccionario especializado y también, tener referentes de los procesos que implican cambios y paradigmas en la indagación.

 

Estos últimos aspectos son muy relevantes porque, así como nuestros autores predilectos tuvieron fuentes de inspiración, nosotros también necesitamos esas fuentes de inspiración, e inclusive se podría pensar y aceptar que un investigador principiante y hasta un investigador Senior, imite en su estilo, a su fuente de inspiración.

 

Con alguna frecuencia, los profesores de investigación sugerimos dos tipos de lectura, a saber: la lectura analítica y la lectura crítica.

 

La lectura analítica consiste en una inspección del texto con algún rigor: el título, los subtítulos, índices, una primera lectura atenta a la introducción en donde el lector podrá tener una idea de los propósitos de trabajo que tiene o tuvo el autor. Esta modalidad de lectura pone al lector en contacto con la estructura del texto que puede ser también la estructura del proyecto de investigación del autor. Asimismo, el lector puede identificar cual es el problema o asunto del que se ocupa el autor y, de alguna manera, durante todo el proceso de la lectura, descifrar el universo epistemológico y el enfoque metodológico con que trabaja el autor. En este sentido, se puede considerar la lectura como un ejercicio de comprensión y diálogo.

 

En lo que tiene que ver con la lectura crítica, se parte de que toda interpretación ha de estar precedida de la comprensión. Para este propósito, el acuerdo categorial, las descripciones argumentativas, las relaciones entre categorías y argumentos y los contextos ayudan a que el análisis con algún componente crítico tenga validez.  No sería posible ejercer una crítica seria, si no se atiende a este proceso anterior. Se dice que el lector debe ser capaz de decir con alguna certeza lo que comprende de un texto antes de emitir un juicio sobre el mismo.

Criticar no es solo disentir, coincidir con un argumento que se lee es también un juicio importante. De todos modos, como se ha dicho reiteradamente, estar o no estar de acuerdo con un autor, pasa por esa comprensión.

 

Finalmente, es muy importante, tanto para quien lee como para quien escribe, comprender la diferencia entre conocimiento y opinión. El conocimiento está soportado en la exploración, la observación rigurosa, la comparación, la medición, si se quiere; el argumento, las categorías y los métodos. La opinión o doxa, como la llamaría Platón, en la mayoría de los casos, es producto de percepciones subjetivas, de puntos de vista; de lecturas sesgadas e inclusive, de posturas ideológicas y/o políticas.

 

Este último, es uno de los grandes obstáculos epistemológicos de los que habla Bachelard y, por tanto, habría que evitar caer en estas prácticas para no desvirtuar el trabajo investigativo.

 

Estas reflexiones se constituyen en consejos o pistas sobre las cuales se podría pensar una “artesanía intelectual” para la formación de investigadores en los Posgrados de la Universidad Pedagógica.

 

Referentes Bibliográficos

Adler, J. Mortimer, Doren, Charles Van (2001). Como leer un libro. Una guía clásica para mejorar la lectura.  Ed. Debate, Madrid.

Bachelard, Gastón. (2000). La formación del espíritu científico.  Ed. Siglo XXI. Buenos Aires.

Mills, Charles. Wrigth (1999). La imaginación sociológica. Editor digital.

En: https://redmovimientos.mx/wp-content/uploads/2020/07/La-Imaginaci%C3%B3n-Sociologica-Mills.pdf



[1] Profesor Maestría en Educación. Departamento de Posgrados. Doctor en Educación.

[2] Por comunidad académica se entiende las asociaciones científicas que se organizan alrededor de una disciplina, un objeto y un campo de estudio

Editorial 13

                                                                       Editorial

 

En este número de 13 del Blog, a propósito del espacio “Leer y escribir”, el profesor Oscar Arbeláez nos habla - desde su experiencia- sobre los momentos por los que ha de pasarse cuando se realiza una investigación. Igualmente, hace un llamado de atención sobre el rigor epistemológico que es posible alcanzar, si quien investiga, realiza un proceso de lectura que empieza por la exploración de varios textos; lo que implica tomar notas y estar atento a esas voces, pues desde ellas es posible construir categorías. Luego, insiste en la ubicación histórica de los textos y sus autores, pues ello favorece la comprensión de lo que allí expresado.

 

Plantea la importancia de la lectura analítica y crítica. Finalmente, da algunas pistas o consejos a seguir cuando se hace investigación. Se trata de un buen texto para que nuestros estudiantes y profesores dialoguen, sobre lo que implica leer para investigar.

 

Enseguida se presenta la Reseña de la primera carta de Paulo Freire correspondiente al libro “Cartas a quien pretende enseñar”. En dicha reseña, la estudiante Silvia Rocío Guerrero muestra a partir de su lectura, el análisis de uno de los textos emblemáticos de Freire, desglosando de manera maravillosa esa primera carta, invitando a retomar lecturas que ponen en entredicho la lectura misma.

 

Posteriormente, se expone nuestro avance de investigación; éste corre por cuenta de la estudiante de Maestría en Educación Yenni Marcela Patarroyo, quien presenta los sentidos de la educación en relación con los seres humanos. Plantea preguntas y análisis a partir de la lectura de textos de Kant y Marx asociados al informe sobre un “niño salvaje”, triangulación que plantea nuevas preguntas y pone en entredicho la educación humana. Disfruten como nosotros, estos textos, que deseamos hagan parte de las lecturas de los espacios académicos.